PAZ advierte que corrupción y trampas electorales alimentan la violencia; promete candidaturas sin “compadrazgos”

Redacción

Toluca, Edomex; 14 de septiembre de 2026.- Al arrancar formalmente el proceso electoral del Estado de México, el partido PAZ colocó la corrupción, la opacidad y las prácticas fraudulentas como parte de los problemas que, a su juicio, terminan por alimentar la violencia, y advirtió que quienes recurren a trampas para alcanzar el poder difícilmente gobernarán de manera distinta.

José Monroy Mañón, dirigente de PAZ en el Estado de México y representante del partido ante el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), sostuvo que la fuerza política buscará diferenciarse de las campañas basadas en la confrontación, las descalificaciones y las prácticas de simulación.

En su intervención durante la sesión solemne de inicio del proceso electoral 2026-2027, afirmó que “la corrupción es la madre de la violencia”, al considerar que la utilización opaca de los recursos públicos genera condiciones que terminan afectando la seguridad y la convivencia social.

“Donde hay dinero público opaco, hay violencia”, sostuvo.

A partir de este planteamiento, Monroy Mañón aseguró que PAZ pretende hacer de la transparencia una regla desde el proceso de selección de sus candidatos y durante el eventual ejercicio de gobierno.

“Quienes hacen trampa para llegar, llegan para hacer trampa”, advirtió el dirigente partidista ante el Consejo General del IEEM y los representantes de las distintas fuerzas políticas.

El señalamiento coloca en el terreno electoral uno de los principales argumentos de PAZ: la calidad de un gobierno, sostuvo, comienza desde la manera en que se obtiene el poder. Por ello, aseguró que las decisiones sobre sus candidaturas deberán tomarse de frente a las comunidades y no mediante acuerdos cupulares, compadrazgos o relaciones personales.

“Cada decisión de candidatura se va a tomar frente a la comunidad”, afirmó.

El dirigente también anticipó que PAZ buscará mantener una campaña alejada de las descalificaciones personales y las llamadas guerras sucias.

“No necesitamos un enemigo para justificar nuestra existencia”, señaló, al sostener que el adversario político no debe ser tratado