Toluca, Edomex; 26 de febrero
de 2025.- La ley contra el nepotismo resulta una farsa desde todos los frentes
y en todos los partidos políticos. El Estado de México es ejemplo inequívoco de
la forma en que opera lo que aquí hemos denominado la dinastocracia. Si la ley
entrara en vigencia hasta el 2030, algunos alcaldes en funciones tienen el
anhelo de heredar el poder político: ahí está el caso de Michelle Núñez -en
Valle de Bravo- que ha impulsado la trayectoria de su esposo Juan Montes de
Oca; y en Tenango del Valle, donde Roberto Bautista ha promovido hasta el
cansancio a Nallely Zotea Álvarez. Ya estará en manos de sus dirigencias
partidistas y los electores, darles otro cheque en blanco.
En el Senado de la
República, Cristina Ruiz se indignó desde la alta tribuna para criticar que el
nepotismo en Morena se ejerce a placer en el Poder Ejecutivo y el Judicial. La
dirigente priísta peca de cinismo, pues basta revisar los apellidos de alcaldes
y legisladores priístas para atestiguar que todo queda en un puñado de
familias. Y si quedara lugar a dudas, en el Ayuntamiento de Naucalpan, puede
identificar al segundo síndico, Víctor Manuel Navarro Ruiz -quien el pasado
trienio fue regidor-, y es sobrino de la presidenta priísta.
En el PAN mexiquense, el
nepotismo parece doctrina. El poder monárquico que ejercen desde Huixquilucan,
no descarta inaugurar un principado a favor de la descendencia del matrimonio que
ha gobernado este municipio durante los últimos diez años para los comicios de
2027. En resumen, es una buena noticia que la ley contra el nepotismo entre en
vigor hasta el 2030. Lo malo es normalizar entre los votantes estos cacicazgos
del poder público.
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Todo está listo para que
Delfina Gómez, gobernadora del Estado de México, asista el lunes 3 de marzo a
lo que será el cuarto y último informe de actividades del rector de la UAEMex,
Carlos Barrera Díaz, quien en público y en privado, asegura que, al término de
su gestión se retirará a su laboratorio donde realizará tareas de investigación
ambiental. Lo cierto es que, el gobierno federal en funciones, ha invitado a otros
rectores del país para incorporarse en tareas institucionales vinculadas con la
educación media superior y superior.
Su presencia en el aula
magna, más allá de respetar la autonomía institucional, también ha denotado un
interés de la gobernadora en turno por estar cerca de la UAEMex. Ahí están los planes
de expansión, particularmente en la zona oriente del estado. Se trata de una institución
que atiende a una matrícula cercana a los 100 mil estudiantes; y hoy más que
nunca, requiere de evitar escándalos o pasajes oscuros como la Estafa Maestra y
las protestas estudiantiles. El futuro inmediato ya está en curso: la sucesión
de la rectoría que concluirá en mayo.
Para el anecdotario
académico, Barrera Díaz ha enfrentado desafíos inéditos: asumió la rectoría en
medio de una pandemia; también experimentó una alternancia partidista en la gubernatura
mexiquense; y en casi un hecho consumado, heredará el cargo a la primera
rectora de la Universidad.