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Toluca, Edomex, 25 de julio de 2018.- A partir del mes de septiembre, cuando se cumpla un año de haber asumido el cargo como gobernador del Estado de México, Alfredo Del Mazo deberá establecer un relanzamiento de su mandato con dos propósitos: posicionar su imagen pública,  así como dotar de legitimidad y condiciones de gobernabilidad en un estado donde el priísmo lo perdió absolutamente todo. Del Mazo debió esperar seis años para ser gobernador, pero le ha tocado el momento más adverso para serlo.

En un año de gobierno, no hay una sola acción por la que Del Mazo sea recordado. El sexenio fue inaugurado por un temblor que cimbró no sólo una decena de municipios, sino el entramado estructural y las primeras acciones de gobierno del gobernador. No sólo debió invertir recursos financieros y humanos, además absorbió un costo político ya de inicio desgastado por el reducido margen de triunfo obtenido en las urnas. Desde entonces, tal parece que no ha logrado conectar con las familias mexiquenses.

En menos de un año, Del Mazo ha enfrentado escenarios tan adversos, que parecen las diez plagas de Egipto. Desde el temblor del 19 de septiembre hasta la mayor debacle electoral del partido en el poder -incluido Atlacomulco-, pasando por crisis carcelarias, explosiones de polvorines, ejecuciones, ajustes en el gabinete, carencias hospitalarias y la lista resulta interminable. Pese a todo, no hay una acción insignia o un estilo propio que distinga a Del Mazo de sus antecesores. El cambio de cromática es meramente cosmético.

En el peor de los escenarios, el fuego amigo de los priístas, hablan de extrañar a los exgobernadores. Los Montiel, los Peña y hasta los Eruviel siguen siendo referente entre las élites de poder. Del Mazo está obligado a abandonar el bajo perfil, y tomar decisiones que le doten de un protagonismo público. Las condiciones pueden ser las más desfavorables, pero Del Mazo debe empezar a creérsela: es el gobernador priísta más influyente del país, y desde esa postura asumir acciones a favor de su grupo político.

Frente a la derrota en Los Pinos y la hecatombe mexiquense, el mandatario tiene dos alternativas: conciliar con todos los grupos de interés para reconstruir al partido desde su estructura de gobierno, o bien, aprovechar la coyuntura para conformar su propio grupo político, pensando en un proyecto de largo alcance. Desde su círculo más cercano, proyectar a quienes saldrán a las urnas en tres y cinco años para ser factor de incidencia en los tiempos por delante.

Morena ha lanzado ya los primeros mensajes, que ponen de manifiesto su postura política frente a Del Mazo. La bancada morenista en la Legislatura Estatal ha advertido que viene a cogobernar el estado más allá de actuar como una abrumadora oposición política. De ese tamaño es el desafío del gobernador en turno. Deberá ceder espacios en la toma de decisiones que le permitan avanzar en su mandato.

 

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