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OFF THE RECORD 20-02-2023

Toluca, Edomex; 20 de febrero de 2023.- Lo más difícil dentro de la alianza del PRIAN, es convencer a los panistas de que, por primera vez -desde su fundación- en una elección por la gubernatura del mexiquense, impulsan a una priísta como su candidata; mientras que, para los tricolores, resulta impensable la posibilidad de hacer campaña con Acción Nacional como estrategia inequívoca para volverse competitivos y frenar la andanada morenista que arrasa abrasivamente.

Alejandra del Moral es una candidata que, históricamente, combatió desde las urnas al panismo. Desde el año 2000, en su natal Cuautitlán Izcalli, aprendió las mañas priístas, como habilidad para combatir a quienes desde ayer la adoptaron como su abanderada. En el 2009, Del Moral derrocó al bastión panista para ganar la alcaldía izcallense. Esa rivalidad se trasladó a Querétaro, cuando Alejandra fungió como delegada del PRI -en 2015-, y fue vencida -en una elección por la gubernatura-, por el panista, Francisco Domínguez. En la acera blanquiazul era un operador electoral, Juan Pedro García, hoy contratado por Enrique Vargas.

Meses previos a formalizar la coalición electoral, Vargas presumía en reuniones privadas su capacidad para vencer al priísmo -en la tierra que vio surgir al delmacismo del siglo veintiuno-. La carrera de Enrique comenzó en 2009 como regidor de oposición -cuando Del Mazo ganó la elección de alcalde en Huixquilucan-. Tres años más tarde, el panista llegó por primera ocasión al Congreso local; mientras que en 2015 ganó la presidencia municipal -con la complicidad de la dupla Iriarte-Erasto-, y derrotar a Fernando Maldonado. Desde entonces, el panismo ha logrado reivindicar su fortaleza electoral.

Desde el pragmatismo político, Alejandra pide a los panistas su arropo, y le apuesta a la amnesia sobre sus primeras batallas electorales; mientras Vargas ahora pregona a favor del priísmo, al que ya venció en tres ocasiones por la buena y por la mala. Hoy, el PRIAN muestra esa complicidad de la que tanto habló López Obrador a lo largo de los últimos 25 años, y que fue negada sistemáticamente durante décadas, para hoy exhibir su connivencia política.

Más allá de la justificación discursiva, legal o política de la coalición prianista, el momento clave del PAN será sacudirse el marasmo que le ha perseguido en las últimas dos elecciones por la gubernatura, con una media de 500 mil votos, que lo arrumbaron al tercer y cuarto lugar de las contiendas de 2011 y 2017, respectivamente.

Enrique Vargas deberá demostrar su capacidad de operador electoral -para concitar a los liderazgos del panismo y desarrollar una estructura entre su militancia-, que le permita alcanzar el sueño de un gobierno de coalición para este 2023, y pensar en sus posibilidades de ser postulado al Senado de la República en las elecciones de 2024.

Es ahora o nunca, sin arengas que sólo rompan los decibeles del silencio, pero sin trastocar emociones, y cuya postura opositora vaya más allá de los lugares comunes en contra de Morena, a la capacidad de con-vencer las conciencias de los votantes.

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