Toluca, Edomex. 19 de junio de 2015.- Eruviel Ávila tiene un reto emergente, que consiste en demostrar su compromiso con el respeto a los derechos humanos. En un plazo de diez días habrá de cumplirse un año de la matanza perpetrada por militares en agravio de presuntos criminales en Tlatlaya. Por parte de autoridades ministeriales hubo complicidad, negligencia y omisiones sin que hasta la fecha el gobierno eruvielista haya mostrado acciones contundentes contra los responsables o medidas certeras para evitar que este tipo de actos vuelvan a ocurrir.

Ávila quedó además exhibido públicamente cuando felicitó a las fuerzas castrenses de un posible enfrentamiento con grupos criminales. Desde entonces, al gobernador le ha faltado reconocer su equivocación y asumir sus consecuencias en torno a esa masacre. La crisis de derechos humanos pegó tan profundo que alcanzó una recomendación del organismo nacional. Lo que persiste es la falta de resarcimiento para las víctimas y los familiares de las víctimas ante la violación sistemática de los derechos humanos.

Casi en paralelo, se suma el amparo ganado hace casi cinco meses por parte de cuatro parejas del mismo sexo por su derecho a casarse. El asunto resuelto por la Suprema Corte de Justicia de la Nación a favor de parejas del Estado de México obligó a la necesidad de legislar lo necesario para eliminar las prohibiciones legales sobre dichos matrimonios. El eruvielismo ha mostrado un inusitado letargo para mantener en la congeladora legislativa dicha circunstancia, y dar muestras de su respeto por los derechos humanos de las minorías.

Si bien Eruviel podrá argumentar que avanzar en la adecuación del Código Civil corresponde al Poder Legislativo, con la amplia mayoría con que goza el PRI en la legislatura mexiquense Ávila ha exhibido que cuando se trata de meter el acelerador todo cambio legal es posible, sin necesidad de análisis, deliberación o debate serio. El PRI y sus aliados han hecho del fast track una condición por antonomasia por atender lo urgente en la agenda parlamentaria de Eruviel.

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Si en medio de la debacle se debieran hacer balances electorales, la mayor preocupación debe concentrarse en el PRD mexiquense, pues el retroceso mostrado en el Distrito Federal, pega irremediablemente en su peso electoral en la entidad. De la mano del crecimiento de Morena en el oriente, se le escurren de las manos posibles triunfos en otros municipios. En contraste, el PRI logró retener cierta hegemonía como resultado de esa división entre las simpatías electorales de la izquierda.

En medio de las impugnaciones por la repartición de diputados plurinominales, en donde el PRD logró quedarse con 12 legisladores, seis de ellos de representación proporcional -uno más que el PAN incluso con menos votación-, podría caerse en el pleito postelectoral. La amenaza es que el PRD pueda perder una curul en la mesa de los tribunales. El diputado local que esta en el aire puede inclinarse a favor del PAN para quedarse con 12 lugares, o bien con Morena que aspira sumar 7 legisladores.

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