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OFF THE RECORD

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Toluca, Edomex. 16 de octubre de 2018.- Enrique Peña Nieto puede dormir tranquilo. En los próximos tres años, dentro de la Legislatura Federal, el primer compadre del país será un aguerrido defensor del presidente saliente. Ayer, Luis Miranda abandonó las mejores prácticas parlamentarias, pero puso sobre la mesa su estilo poco ortodoxo para imponer sus condiciones. A manotazos  y empujones,  el peñismo tendrá un peso completo en San Lázaro para defender la trinchera. Desde Los Pinos le dieron su espaldarazo para ser legislador federal, y en el primer round parece que no se equivocaron.

En la sesión legislativa de ayer martes, Miranda Nava protagonizó, junto al petista Gerardo Fernández Noroña, un altercado que pudo terminar en golpes. Durante la comparecencia de Rosario Robles, el legislador del PT salió de su curul para reclamar la postura de la titular de Sedatu sobre el aeropuerto en Texcoco. Después reclamó a una legisladora priísta embarazada. Y caminó hasta donde estaba Luis Miranda. El priísta increpó a Noroña, mientras manoteaba: “¡Conmigo sí le bajas!”, ¡ya bájale, no estás viendo!” (en referencia a que la legisladora embarazada).

Luis Miranda nunca se ha distinguido por guardar compostura, ni por sus formas democráticas para ejercer el poder. Basta recordar su comparecencia ante la Legislatura Federal, en noviembre del año antepasado, cuando Miranda era titular de la Sedesol. Entonces, en un enojo inusitado del estilo personal, tras la recomendación de una diputada de Morena para estudiar y no equivocarse al dar cifras sobre pobreza, Miranda reviró diciéndole que lo que le faltó estudiar es psiquiatría, para poder entenderla. Más tarde, Luis debió rectificar vía twitter: “Me disculpo con la diputada @_AraceliDamian González por una impensada reacción en mi respuesta. Lo siento mucho”.

Quizá ahora que el priísmo será minoría y oposición, desde San Lázaro, los estilos porriles se vuelvan más eficaces. La incógnita es si Alfredo Del Mazo busca ese perfil de “chivo en cristalería” para encabezar los destinos del priísmo mexiquense en el futuro inmediato. Si la respuesta es afirmativa, ya ha encontrado al candidato idóneo; si la respuesta en negativa, deberá seguir oteando hacia otros horizontes. Pero Miranda, está claro, no abandonará su estilo con pizcas de intolerancia y poca prudencia. Como dijera el clásico: Si ya saben cómo responde, para qué lo invitan.

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Eruviel Ávila, en su calidad de senador, debiera mostrar una genuina preocupación por la insorteable violencia que padece Ecatepec. Pero hasta ahora, Ávila sólo ha soltado respuestas a la defensiva de que es un desafío nacional, inevitable del municipio más poblado del país. Sin embargo, Eruviel es corresponsable del desastre de inseguridad que lacera a su tierra natal, la cual gobernó en dos ocasiones (seis años), influyó en la designación de alcaldes en los últimos seis años, y cuyos índices delictivos, y de feminicidios, se agudizaron durante su gubernatura.

Ahí sigue su grupo político, sin distingos de partidos, donde todos los actores de la clase gobernante ecatepense están vinculados al exmandatario. Sus intereses partidistas y económicos prevalecen en el municipio. Y con ellos, una incidencia criminal que inunda los espacios mediáticos a nivel nacional. Hoy, Ecatepec es más mencionado que Ciudad Juárez, Acapulco o Tijuana, y no precisamente por sus virtudes, sino por el entorno de violencia.Para no ir más lejos, Ayer se localizó el cadáver de una mujer dentro de bolsas de plástico en la colonia Jardines de Morelos, una de las más peligrosas según la Fiscalía mexiquense.  Eruviel debiera abandonar la omisión, la indiferencia, y la permanente apuesta de su grupo de asesores por invisibilizar las crisis políticas que le atañen. Y en consecuencia, desde el Senado, reconocer su parte, y ejercer lo necesario para revertir la realidad actual que enfrenta la tierra de sus amores.

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