Toluca, Edomex. 14 de agosto de 2015.- La dominancia de la clase política mexiquense será determinante para imponer controles, límites y frenos a Manlio Fabio Beltrones que se convertirá en el dirigente nacional del PRI. El sonorense puede ser visto desde ahora como un candidato natural a la Presidencia de la República, pero está claro que no es el aspirante más proclive a los afectos de Enrique Peña. En los meses por venir, se definirán las candidaturas a gobernador en 12 estados. Manlio buscará apuntar a los suyos.

La compañera de fórmula, Carolina Monroy del Mazo, está destinada a ser un canal de interlocución de Beltrones con el Grupo Atlacomulco. La salida de César Camacho de la dirigencia nacional priísta no representa el abandono al partido. La sobrina de Alfredo del Mazo y Juan Monroy deberá erigirse en el enclave político del Estado de México en la toma de decisiones del partido en el poder. Peña le ha dado a Beltrones una beta de ejercicio político, pero de ninguna manera está dispuesto a darle un cheque en blanco.

Como parte de su pasarela política, previo a su ungimiento como fórmula ganadora, este viernes Beltrones y Carolina se reunirán con el Movimiento Territorial que encabeza a nivel nacional, la senadora mexiquense Ana Lilia Herrera. Esa es la única cartera adicional que tienen los mexiquenses en el PRI nacional. En el esquema peñista, parece urgente y obligado, acaparar otros espacios como la secretaría de organización y la comisión nacional de procesos internos. Enrique lo sabe, y hay mexiquenses de sobra para ocuparse de esas necesidades.

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En la acera de enfrente, Javier Corral nada contracorriente, en busca de la dirigencia nacional del PAN. Ayer tuvo un encuentro con liderazgos del panismo, que hoy se encuentran marginados del grupo dominante plegado a Ulises Ramírez. Los otrora dirigentes, José Luis Durán Reveles, Juan Carlos Núñez Armas y Noé Aguilar Tinajero arroparon a Corral, que reconoce competir contra la gran cargada panista. En el Estado de México, el Grupo Tlalnepantla de Ulises Ramírez, prefiere no equivocarse, y jugar con absoluto pragmatismo a favor de Ricardo Anaya.

En los tiempos de la alternancia electoral, entre 1996 y 2009, los Durán, los Núñez Armas y los Aguilar, fueron grandes jerarcas del panismo, pero hoy caídos en la desgracia electoral han hecho una apuesta de absoluto riesgo. Saben que tienen la contienda pérdida, pero buscan marcar una diferencia. Tan marginados han sido, que por ejemplo, Patricia Durán -hermana de José Luis-, es una de las grandes operadoras electorales de Manuel Espino y Movimiento Ciudadano en el Estado de México. Han renunciado a sus ideales panistas para hacerle el juego sucio.

En tanto, Ricardo Anaya camina en caballo de hacienda, casi como candidato único. Los panistas más dominantes están de su lado. En la entidad mexiquense, cuenta con el respaldo de Ulises Ramírez y Luis Felipe Bravo Mena, convertidos desde hace seis años en los liderazgos más visibles del PAN local. En el escenario final, nada cambiará para el grupo de Ulises, que se fortalece cooptando voluntades y controlando las prerrogativas financieras del partido. Cuenta con el aparato político y la abundancia presupuestal para ejercer el poder.

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