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Toluca, Edomex. 04 de mayo de 2018.- Han pasado doce largos años de la reyerta entre policías federales y estatales con ejidatarios de San Salvador Atenco, y en el Estado de México no se ha resuelto la defensa plena de los derechos humanos. En la memoria colectiva se mantiene vigente la represión policíaca, el encarcelamiento de decenas de personas inocentes, y la impunidad por la muerte de dos menores de edad, así como por las vejaciones sufridas por una veintena de mujeres. El peñismo mantiene abiertas las heridas de un acto de brutalidad policíaca y un absoluto abuso de autoridad.

Han pasado ya dos gobernadores por el Estado de México, quienes han sido incapaces, omisos y negligentes en el diseño estructural e institucional de una ley de seguridad que privilegie la libre manifestación, y regule las acciones policíacas frente a la ciudadanía. Por el contrario, la denominada Ley Atenco, sólo alentó la criminalización de la protesta social, y no resolvió la discrecionalidad con la que los mandos policíacos toman decisiones para reprimir, encarcelar y disuadir las manifestaciones. Los organismos defensores de los derechos humanos han establecido la ausencia de un marco regulatorio, y por tanto de atención a la recomendación de la CNDH sobre los hechos violentos de Atenco de 2006.

Aquella protesta social de mayo de 2006, fue resultado de la remoción de floricultores en el municipio de Texcoco, que reavivó un movimiento social que se oponía al Aeropuerto en Texcoco. La terminal aérea había sido cancelada por el presidente Vicente Fox en agosto de 2002. A la distancia, el conflicto por el aeropuerto ha resurgido, desde el relanzamiento del proyecto por parte del presidente Peña Nieto. Tanta relevancia ha asumido el nuevo Aeropuerto en Texcoco que ha inundado gran parte del debate político de las actuales campañas electorales. El movimiento de Atenco será crucial en el futuro de esa terminal aérea.

Peña Nieto es perseguido por sus propios fantasmas. Un conflicto con floristas elevó su dimensión, hasta dinamitar un bloqueo que se prolongó por largas horas. La solución: reprimir a los atenquenses mediante la irrupción de fuerzas policíacas al interior de sus domicilios sin órdenes de cateo o aprehensión. Imágenes que desnudaron a un gobierno de mano dura. El proyecto magno de su sexenio se tambalea, porque Texcoco es gobernado por Morena, y cuya oposición política, además, encabeza las preferencias electorales de la elección presidencial, y enarbola la cancelación del aeropuerto edificado en tierras mexiquenses.

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Alfredo del Mazo ha asumido un liderazgo entre todos los gobernadores priístas. No sólo por gobernar el Estado más poblado del país, por su parentesco con el presidente Peña Nieto o por su popularidad pública. En el debate político, Del Mazo se atrevió a romper con los aliados electorales del Partido Verde y Nueva Alianza, en un acto de rebeldía a la desacertada toma de decisiones de la tecnocracia priísta. Enrique Ochoa -hoy defenestrado del partido- y Aurelio Nuño, acordaron una alianza nacional que puso en desventaja al PRI de frente a las elecciones de julio próximo. Del Mazo levantó la voz y no permitió amagos de sus aliados a costa de la gobernabilidad y el dominio de su sexenio naciente.

Del Mazo, según versiones periodísticas, ha puesto en riesgo la alianza del PRI con PVEM y PANAL a nivel nacional, pero ha dado un golpe de autoridad, para denotar que ante una eventual derrota del priísmo nacional, el gobernador mexiquense asumirá un liderazgo como antes lo hizo Arturo Montiel y Enrique Peña. La salida de Ochoa demuestra que Alfredo tenía razón, y la tecnocracia ha tomado decisiones equivocadas. El momentum de Videgaray está por llegar a su final. Es tiempo de que la clase política retome el control del partido, pese al escenario sombrío, y la necesaria reconstrucción después de la posible derrota. Osorio Chong y Alfredo del Mazo lo han comenzado a procesar.

 

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