Toluca, Edomex; 2 de septiembre de 2026.- Delfina Gómez e Higinio Martínez no han roto políticamente. Quizá esa relación personal no pasa por su mejor momento, pero ambos reconocen que se requieren juntos para transitar por la elección de 2027. No es solo una fotografía compartida en Palacio Nacional. Ni tampoco un mero intercambio de mensajes -impuestos por sus community managers-. Los momentos de tensión están marcados por la ruta electoral. La contienda intermedia, es la antesala de la sucesión por la gubernatura.
Es una connivencia entre sus grupos políticos y la toma de definiciones para compartir el ejercicio del poder en el pináculo morenista desde el Estado de México. El Grupo Texcoco existe y prevalece, pero al igual que el Grupo Atlacomulco identificado en tiempos priístas, no es un grupo homogéneo, tampoco uniforme. Nadie podría creer que Higinio Martínez no tiene injerencia en el gobierno actual, ni nadie podría sostener que Delfina le ha cerrado cualquier interlocución con su mentor político.
Claudia Sheinbaum rindió su segundo informe de gobierno. Como en toda rendición de cuentas, la presidenta de México mantiene claroscuros. Para sus simpatizantes, el país va mejor que nunca. Para sus malqueriente, la nación enfrenta la peor crisis institucional del pasado reciente. A la distancia, se debe identificar que se ha ido un primer tercio de su mandato, y que los siguientes doce meses solo tienen un objetivo que resulta un desperdicio para los gobiernos concentrados en ganar elecciones.
Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Faltan 28 días para que Delfina Gómez rinda su tercer informe de gobierno. En este momento coyuntural, la gobernadora ya tiene el corte de caja de cada dependencia estatal. Sabe quién ha hecho su tarea, quién únicamente flota y administra la inercia, y dónde se requiere dar un golpe en el escritorio para ajustar su gabinete. Lo cierto es que, el ejercicio del poder no se evalúa exclusivamente por cambios al quipo de trabajo. Para el sexenio delfinista es llegar a la mitad del camino. Y algunas expectativas han quedado rebasadas.
La oposición no enciende. Es probable que Morena y sus gobiernos enfrenten el mayor desgaste social de su corta historia. Gobernantes que han decepcionado, escándalos de corrupción que han estallado, una implosión interna que amenaza con la escisión electoral. Pero ninguno de esos factores ha sido capitalizado por el bloque opositor. El priísmo busca reagruparse y se oxigena con respirador artificial. El panismo local se siente cómodo siendo comparsa del poder. En MC su quehacer político y territorial es una incógnita. Y los partidos de reciente creación, apenas si les alcanza para ser reconocidos.
Un reflejo de ello es que, entre tantos defensores de la transformación de México, de la patria y la familia, y otras figuras electorales inventadas, no hay opciones que generen una alta expectativa social. Su caja de resonancia son sus propios militantes. Ante una falta de oferta electoral, nadie debería llamarse a sorpresa cuando el resultado es, un abultado abstencionismo. Ahí están los resultados de los gobiernos, y una clase política que se resiste a la autocrítica.
