Toluca, Edomex; 1 de abril
de 2025.- La inseguridad sigue siendo el flagelo más tangible para la
percepción social. El gobierno delfinista, desde el inicio del sexenio, instaló
una mesa de seguridad cotidiana que, a pesar de tener indicadores a la baja, no
ha logrado revertir un alto clima de violencia. La estadística se topa con
pared con la realidad que enfrentan los mexiquenses.
Con el arranque del sexenio
de Claudia Sheinbaum se fortalecieron operativos de seguridad en el estado,
pero la disputa de grupos criminales, ha dejado saldos muy negativos, porque se
ha recrudecido la cifra de homicidios. Y eso también ha generado una alta
exposición pública de hechos de violencia. La propia estrategia federal y
estatal ha dejado en evidencia la complicidad entre autoridades municipales con
organizaciones delictivas.
Los gobiernos
municipales en funciones, en su mayoría, han preferido voltear a otro lado, aun
cuando las promesas de seguridad formaron parte de sus prioridades en la
campaña electoral. La coordinación policíaca ha sido hasta ahora insuficiente,
y se han lanzado nuevos operativos y desplegado más elementos de seguridad, con
la expectativa de ahora sí, ser más efectivos.
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Como cada tres años, los
presidentes municipales se quejaron al inicio de sus administraciones, de haber
recibido gobiernos en quiebra, con múltiples irregularidades e inconsistencias
financieras. A tres meses de que asumieron su encargo, a la fecha, se desconoce
sí ya realizaron observaciones formales ante el OSFEM, o bien, lo que
prevalecerá serán los pactos de impunidad.
Muchos alcaldes
salientes, despilfarraron el gasto público, con el propósito de ganar la
elección consecutiva y mantenerse tres años más en el cargo. Luego de que
perdieron en las urnas, fue evidente la falta de obra pública durante el último
año. Una señal de que el régimen político va en serio contra la corrupción,
sería que se hicieran públicas estas observaciones financieras y sus
consecuencias.
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Mientras es lanzada una
campaña de afiliación del priísmo mexiquense, hay varios alcaldes de ese
partido que tienen un pie fuera del tricolor. Durante los primeros tres meses
de su mandato, presidentes municipales como Miguel Ángel Ramírez Ponce e Ivette
Topete, se advierte que están más cerca de la simpatía morenista que de
mantenerse en el partido que los llevo a la reelección el año pasado. La
dirigencia del PRI estatal tampoco tiene interés por retenerlos, como si
tuviese un gran número de alcaldes que presumir en la entidad.
Liderazgos como Ricardo
Aguilar, Alejandro Ozuna, Eduardo Bernal, David Parra y otras voces que mostraron
rechazo a la designación de Cristina Ruiz como dirigente estatal priísta,
difícilmente se sumarán a una estrategia que pretende legitimar las
imposiciones de la cúpula partidista. El programa de afiliación al PRI está
destinado a un rotundo fracaso, porque el principal enemigo del partido está en
casa. Y el morenismo está listo para darles cobijo en la acera de enfrente.