Redacción
Toluca, Edomex, 4 de julio de 2026. La expansión de los libros electrónicos no significa el fin de las ediciones impresas. Ambos formatos seguirán coexistiendo porque responden a diferentes formas de leer, aprender y acceder al conocimiento, consideró Evaristo Hernández Carmona, académico de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México (Universidad Autónoma del Estado de México).
En el marco del Día Mundial del Libro Electrónico, el especialista de la Licenciatura en Ciencias de la Información Documental explicó que los libros digitales han ampliado las posibilidades de acceso a la información gracias a herramientas como contenido multimedia, hipervínculos, audio e imágenes interactivas, recursos que enriquecen la experiencia de lectura.
El investigador recordó que los antecedentes de este formato se remontan a 1949 con la Enciclopedia Mecánica, creada por la inventora española Ángela Ruiz Robles. Sin embargo, señaló que el desarrollo del libro electrónico tomó impulso en 1971, cuando Michael Hart digitalizó la Declaración de Independencia de Estados Unidos utilizando la red ARPANET, iniciativa que dio origen al Proyecto Gutenberg.
Hernández Carmona destacó que entre las principales ventajas del libro electrónico se encuentran la posibilidad de almacenar cientos de títulos en un solo dispositivo y su facilidad de transporte. No obstante, advirtió que el crecimiento del mercado digital también ha obligado a fortalecer los mecanismos de protección de los derechos de autor mediante licencias para su distribución y comercialización.
Sobre la discusión acerca de cuál formato es mejor, el académico sostuvo que no existe una respuesta única, ya que la elección depende de los hábitos de cada lector. Mientras las generaciones que crecieron en entornos digitales suelen inclinarse por las publicaciones electrónicas, muchas personas continúan prefiriendo el libro impreso por su valor material, sentimental y de conservación.
«Lo importante no es si el libro está en papel o en una pantalla, sino que sea leído, comprendido y que ese conocimiento contribuya al desarrollo de las personas», expresó.
Finalmente, el universitario subrayó que tanto los libros impresos como los electrónicos son herramientas complementarias para la difusión del conocimiento y llamó a preservar las bibliotecas como espacios fundamentales para el aprendizaje, independientemente del formato en que se consulte la información.
