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La estrategia para la movilización social

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Juan Carlos Núñez Armas*

La reciente medición de la aprobación presidencial publicada por ORACULUS, el pasado 3 de noviembre, presenta un promedio de 62% de aprobación y 33% de desaprobación. La primera cifra no es muy diferente a las de otros presidentes, en el mismo momento de sus respectivos sexenios, por ejemplo, Zedillo 58%, Fox 56%, Calderón 61%, solamente Peña tenía una aprobación lejana a estos promedios, 34%.

En diversos medios, en ámbitos políticos, y en la sociedad en general, se habla de la forma en que el presidente enfrenta a sus adversarios (como él les dice): los descalifica, los agrede, los insulta. Por ejemplo, Raymundo Riva Palacio escribía hace poco sobre la ira del presidente porque las cosas no le han salido como esperaba, y de forma sarcástica citaba a Jesús Silva-Herzog Márquez quien llegó a decir que López Obrador “es el político más talentoso que México ha conocido”, que, por supuesto, no significa sea buen gobernante.

Por su parte, Spin. Taller de comunicación política, presenta su análisis de discurso al 29 de octubre, es decir 1064 días de gobierno.  En ese lapso se han realizado 723 mañaneras.  En su análisis, Spin presenta las estadísticas de las menciones de coyuntura: béisbol 193, fifís 182, feminicidios 111, toco madera 81, Nintendo 8 y aburguesar/hamburguesar 8. Ésta es la importancia que el presidente da algunos temas.

Si el presidente ataca a la UNAM, dice que atendió a la familia de Ocaña, que hay más remesas porque los paisanos le tienen confianza, que Emilio Lozoya está recluido y confía en las acciones emprendidas por el Fiscal, impulsa la revocación de mandato y otros temas por el estilo, unos podrían ser ocurrencias, generalmente quienes lo desaprueban, pero, para quienes lo aprueban, sus dichos son la expresión auténtica de la política pública. También hay quienes ven en el discurso diario de López Obrador la confrontación política como método reiterado.

Como lo he señalado en otros textos, considero que todo este discurso es parte de una estrategia, pensada, diseñada, estudiada y expuesta para impactar a su público. Cuando el presidente habla “del pueblo” no se refiere a los más de 126 millones de mexicanas/os, que reportó el Censo 2020 levantado por el INEGI, se dirige sólo a los 30 millones de votos que lo llevaron a la presidencia. Y si tantito me apuran, en este tiempo poselectoral, los mensajes tienen como objetivo a los 15 millones de votos que en el pasado proceso de junio ya no votaron por Morena.

La estrategia se centra en emitir mensajes en las mañaneras para movilizar a los votos posibles que no se manifestaron en 2021, por eso vemos que sus adversarios son los que no piensan igual que él y en consecuencia hay que movilizar con mensajes directos, por ejemplo, en la UNAM hay grupos radicales que invariablemente responderán al llamado del presidente rumbo a la sucesión del rector. Lo mismo podemos ver respecto a la contrarreforma eléctrica, o la invitación a los salientes gobernadores para incorporarse a su gobierno.

Todo es un llamado a la movilización que, dicho sea de paso, Mosaiko (red de reflexión sobre educación para el desarrollo) define como “un proceso participativo de acciones colectivas orientado a promover, contribuir e impulsar, propuestas alternativas y críticas al modelo de sociedad dominante que abonen a una mayor justicia social”, considero que eso es lo que hace el presidente: emite mensajes políticos para lograr la movilización social.

Tiene varias características que podemos citar: 1)la estrategia de transmisión, promueve el compromiso social con su gobierno y con lo que representa, y las mañaneras son el mejor elemento; 2)la efectividad, se hace acompañar con reivindicaciones de viejas demandas en el colectivo social y parten de la incidencia cotidiana de hechos actuales o pasados; 3)la proyección local y hasta global, luchas que se complementan en los Estados y de origen regional latinoamericano con ideología de izquierda y crea y mueve a los grupos locales y 4)la diversidad y pluralidad, consciente de que en todos los ámbitos sociales existen diversidad de pensamientos, pero trabajan en una red y metodologías de hacer participar a los ciudadanos simpatizantes o indecisos de su gobierno o de su partido, no hay diferencia.

La movilización no sólo se concreta en tomar calles y hacer manifestaciones. Una vez emitido el mensaje presidencial se despliega una red de simpatizantes que se buscan casa por casa, o en redes sociales. Estas acciones también tienen como objetivo señalar a los adversarios, a quienes no coincidan con lo dicho desde palacio nacional.

La gran pregunta es ¿qué hacen los adversarios? o ¿qué están haciendo para movilizar a sus simpatizantes, a los opositores al gobierno? Para movilizar a una sociedad ávida de liderazgos y soluciones. La Alianza Va por México se ve lenta en construir una narrativa que conecte con más ciudadanos y, hasta ahora, no se ven esfuerzos serios por integrar una agenda de los temas realmente importantes para las/os mexicanas/os y, posteriormente, construir una candidatura común, que sea capaz de enfrentar la narrativa emitida todos los días desde palacio nacional. Por lo pronto, seguiremos a la expectativa y observando qué hacen los partidos políticos.

El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM. Y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

Twitter @juancarlosMX17

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