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La era de la post-información

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Juan Carlos Núñez Armas

Con cierta regularidad se publica el ranking de los medios masivos tradicionales como la televisión, la radio o los periódicos. Por su lado, cada medio suele tener alguna encuestadora para, casi simultáneamente, tratar de explicar que han crecido, que siguen teniendo un impacto importante en la difusión de noticias y en la formación de la opinión pública. Lo cierto es que estos medios están sufriendo una transformación que está resultando realmente drástica.

Por citar algunos ejemplos, la empresa Comscore (dedicada al estudio de las audiencias de marketing), en su publicación de mayo pasado, sitúa entre otros, al grupo Televisa con cerca de 30 millones de visitantes en su sitio web, al grupo Milenio con 22 millones y a El Universal con 21 millones.  Estas cifras no incluyen la web de Google, Facebook o Microsoft.  Estos medios se caracterizan por su capacidad para migrar de la emisión de información genérica -para todo el público sin distinción- a la distribución de información para cada uno de sus variados públicos, cada vez más variados. De esta forma, han sido capaces de mantener su prestigio.

Internet ha cambiado radicalmente la transmisión de información. Su presencia convirtió a los emisores de datos (de todo tipo) en fuentes interesantes de comunicación bidireccional y los medios que no supieron adaptarse a la modernidad perdieron suscriptores y lectores en general. La población más joven, por ejemplo, difícilmente se acerca a los periódicos impresos.  Vale la pena preguntarnos ¿cuándo fue la última ocasión que leímos un periódico impreso de principio a fin?  Sin duda, los medios que no se adaptaron corren el riesgo de volverse francamente obsoletos.

La transmisión digital de la información le ha dado nueva vida. Supera cualquier restricción de ubicación geográfica y de emisión. Todos podemos publicar, exponer nuestras opiniones sobre las publicaciones de otros y compartir toda la información que encontremos en la red.  Donde quiera que estemos, en cualquier momento, la publicación que hemos manifestado que nos gusta, nos llegará. Por supuesto, publicidad incluida, de acuerdo con nuestro interés comercial, debidamente registrado por nuestra actividad en Internet.

El fenómeno de individualización de la información -sumado a nuestro interés (necesidad) de mantenernos informados- genera el riesgo de la infoxicación. Lo que nos interesa está llegando a nosotros, sin buscarlo. La información se discrimina a sí misma. A esta situación Negroponte la ha denominado “era de la post-información”.

Hoy los medios masivos tienen un ultimátum: adaptarse a la era de la post-información o morir. Mientras tanto, los usuarios debemos reflexionar sobre un problema mayor: el like le está ganando la batalla al think. Corremos el riesgo de evadir la reflexión sobre la información que recibimos y guiarnos más por algún iluminado que –aprovechándose del conocimiento que tiene de nuestras preferencias- manipule nuestros sentimientos para imponer su marca comercial… o su tendencia política.

Finalmente, en esta era de la post-información y la individualización que genera Internet estamos entrando en la política del “clic”, es decir, cada medio de comunicación digital está compitiendo por obtener más “clic” para sus publicaciones. Lo más sorprendente de todo es que, según Antoni Gutiérrez-Rubí en su libro “Gestionar las emociones políticas”, un sitio web cuenta con 4 segundos para atraer la atención de una persona hacia un artículo.

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