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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / ¿A quién le habla López Obrador?

El presidente Andrés Manuel López Obrador arrancó el pasado fin de semana con la spotización de su primer informe de gobierno, en una navegación que domina desde hace dieciocho años: la comunicación política con su base electoral mediante la construcción discursiva que le ha dotado de identidad social.

En este espacio analizaré el sentido de su mensaje político, por encima de las evaluaciones institucionales o gubernamentales que ya desde otros espacios de la opinión pública pretenden aprobar o reprobar a la figura presidencial.

López Obrador no tiene el propósito de convencer a aquellos que son sus adversarios políticos, tampoco a quienes han votado en su contra en tres elecciones consecutivas; su pretensión es comunicarse con su electorado para dotarles de ingredientes argumentativos en el debate de la cotidianidad.

Al igual que ocurre con su Plan Nacional de Desarrollo, las evocaciones discursivas de López Obrador no se vinculan a indicadores de gobierno, numeralia institucional o evaluación administrativa. Andrés Manuel apela a las emociones que hacen conexión con su clientela electoral construida durante años, y que mantiene y defiende una esencia ideológica antisistema.

Andrés Manuel distingue un fraseo de fácil recordación sobre elementos que le permiten reivindicar su abrumador triunfo electoral, y lo que supone representa un cambio de régimen político. Ahí, se instala la rememoración de aquello que tanto laceraba a la sociedad desde el ejercicio del poder público.

No es gratuito ni casual que los spots de su primer informe, vayan precedidos de mensajes de la campaña -la tercera y última-; y sean complementados por un presidente ya instalado en Palacio Nacional -lo cual enmarca un triunfo simbólico- que expone lo conseguido como un logro de todos quienes lo acompañan en su mandato -sus electores- en decisiones “conjuntas”.

Y entonces, el tabasqueño enumera aquellas acciones tendientes a sepultar el viejo régimen político, donde se vuelve prioritario marcar distancia de los lastres del “prianismo”: el neoliberalismo –la unión del poder político con el poder económico-; la corrupción que lo contaminaba todo; el avión presidencial que no tenía ni Obama y que se volvió un referente político del derroche, y hasta un meme para las redes sociales; el abandono de los grupos más desprotegidos (primero los pobres) y los excesos de la clase gobernante; entre muchos otros.

Esa fue la propuesta central de un candidato que recorrió el país durante casi dos décadas: desterrar un régimen político agotado e identificado con la “mafia del poder”, quitarles las pensiones a los expresidentes, ahorrar dinero combatiendo la corrupción y esos recursos dárselos a los más humildes.

La spotización no contempla medir la eficacia de sus políticas públicas ni tampoco consolidar un mensaje de trascendencia histórica. En la pronunciación, Andrés Manuel insiste en marcar las distancias entre su gobierno y sus antecesores de los últimos treinta años. Un antes y un después, entre el viejo régimen y la cuarta transformación, cuya denominación se ha omitido en el primer informe.

El fundador de Morena no pierde de vista sus objetivos. En el discurso, ayer, era un hombre honesto; hoy es un hombre de palabra, que cumple sus compromisos (aunque esta última premisa sea tan semejante al gobernante que firmaba sus promesas de campaña ante notario público). Sin embargo, López Obrador marca en el imaginario colectivo acciones intangibles que erigen los logros de su mandato.

El presidente presume, aunque discursivamente renuncie a ello, los alcances de su mandato respecto de abrogar lo que tanto repudiaba de sus antecesores: las pensiones, el avión presidencial, los altos salarios, la corrupción, los negocios al amparo del poder, la custodia de funcionarios y los gastos personales.

La ejecución de esos ahorros ha permitido becar a los estudiantes, incrementar la pensión de adultos mayores, sembrar árboles frutales y maderables, atender la seguridad desde muy temprano y emplear a jóvenes aprendices.

Y esa ecuación de quitarles a los más ricos para entregarles a los más pobres hace que su gobierno tome sentido, al menos en lo discursivo. Y su comunicación política es tan elocuente y asertiva que permite a sus bases electorales trasmitir lo que quiere este gobierno y cómo hace todo lo posible para conseguirlo.

La tenebra

Su círculo cercano organiza un hashtag para felicitarla todo el día, hasta marcarla como tendencia en Toluca. La festejada se la pasa dando RT a todos los mensajes que la arroban, en lo que se supone es su cuenta personal. Al final del día se dice agradecida por las felicitaciones espontáneas, tras un exhausto día, quizá organizando la “cargada” digital. El chiste se cuenta solo.

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