Inicio El Manual de Maquiavelo El Manual de Maquiavelo 29-10-2021

El Manual de Maquiavelo 29-10-2021

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Palacio de Gobierno del Estado de México. Foto Especial.

Francisco Ledesma / Un diagnóstico agotado

El Estado de México contiene un diagnóstico excesivo, basado en los mensajes de suspirantes a la gubernatura y sus partidos políticos que se repiten sistemáticamente para atacar al régimen vigente, o bien, defender “las bondades” de las grandes cifras, pero poco se avanza para resolver las necesidades sociales que se agolpan en la misma proporción que crece la población. Cada seis años, los discursos se repiten en todos los rincones.

A casi 24 meses de que concluya el actual sexenio, desde distintas trincheras ideológicas se escuchan los síntomas que aquejan al estado más poblado del país: la incidencia delictiva, la pobreza y marginación social, el desempleo, las carencias estructurales en materia educativa y de salud, la violencia de género, el deterioro ambiental, la falta de servicios públicos y muchos más problemas.

Desde hace treinta años, el diagnóstico no se ha modificado demasiado, pero tampoco hay un proyecto de largo plazo que posibilite soluciones estructurales.

Aun cuando un mismo partido político ha gobernado la entidad en los últimos noventa años, hay una reinvención de la acción de gobierno cada sexenio, lo que deriva en una falta de continuidad y consolidación de las políticas públicas.

Por su parte, la oposición partidista también ha sido incapaz de atender las problemáticas que le aquejan en los municipios que le ha tocado gobernar.

A los desafíos sociales, se debe acumular falta de tiempo, carencia de recursos presupuestales y las limitaciones de la burocracia estatal, para justificar las profundas brechas de desigualdad y las fallas institucionales insuperables.

Más preocupante aún, es la prevalencia de una clase gobernante que se resiste a abandonar sus posiciones de privilegio, lo que denota la carencia de una renovación generacional entre quienes se han empoderado hace más de veinte años.

Desde la izquierda, por ejemplo, se impulsa la carrera política de dos excandidatos derrotados: Higinio Martínez quien ya fue aspirante a gobernador hace 22 años, y perdió lastimosamente; y Delfina Gómez, que llevó a Morena al primer lugar, pero fue rebasada por Del Mazo y la suma de sus aliados electorales.

Esta circunstancia tampoco sorprende, si se toma en cuenta que en 2011, la izquierda y la derecha reciclaron a sus abanderados -Alejandro Encinas y Luis Felipe Bravo- quienes compitieron 18 años antes por la misma posición. Ambas ocasiones fracasaron en las urnas.

En el PRI, la circunstancia no cambia diametralmente. Al menos cuatro de los seis aspirantes que tienen mayores menciones entre la comentocracia estatal, ya buscaron la nominación de su partido en las elecciones de 2011 y 2017.

El Movimiento Ciudadano, que ha construido candidatos a modo en otros estados del país y hoy gobierna Jalisco y Nuevo León, apuesta por la figura de Juan Zepeda, contendiente en la pasada elección de gobernador frente a Del Mazo.

En resumen, el escenario es desolador. Un diagnóstico sobreexpuesto, que habla de los qués, pero muy poco de los cómos, que pretende ser resuelto en su mayoría, por actores políticos que llevan dos décadas en el ejercicio del poder, con una lista interminable de cargos públicos, pero poco que presumir en sus resultados de gobierno.

Frente a los mismos problemas que aquejan al Estado de México hace treinta años, y la ausencia de políticas públicas eficaces en el corto plazo, desde ahora, la clase gobernante ya busca al mejor candidato en los moldes de la mercadotecnia política, o bien, al candidato que concite las mayores simpatías de las élites políticas, empresariales y sociales para guardar sus intereses.

En las campañas electorales, todos se olvidan del diagnóstico del Estado de México, puesto que proliferan las campañas de contraste para descarrilar al contrario, y la búsqueda de un solo propósito: ganar la elección.

La tenebra

Si las pugnas internas de los partidos se ganan con dinero, la dirigencia nacional del PRI puede darse por derrotada frente al estado con más presupuesto del país.

 

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