Francisco Ledesma / El cuestionado método de las encuestas
El método de la encuesta como proceso de selección de candidatos en morena, resulta una forma legítima de imponer candidaturas, sortear diferendos partidistas y salvaguardar las componendas que exige el poder político. A diez años de distancia, de haber instaurado ese mecanismo en la designación de sus candidaturas, a nadie le consta su implementación y peor aún, nadie conoce su aplicación, su metodología, su margen de error o su costo económico.
En la semana que concluye, la dirigencia nacional de Morena dio a conocer cinco coordinadores de la transformación en igual número de estados, que se convertirán en candidatos a gubernaturas estatales. Lo cierto es que, en cada ejercicio, sólo se da a conocer el ganador de la encuesta, y pasan por alto de un acuerdo político superior, los datos duros que pudiera reflejar cada encuesta.
En el pasado, Morena ha replicado este modelo de “encuestas” para legitimar la postulación de sus candidatos; pero más importante aún, evitar que las inconformidades escalen a un costo electoral, porque finalmente su militancia acepta las reglas de la discrecionalidad, la opacidad y la incertidumbre que marcan las encuestas que supuestamente se ejecutan a lo largo del país.
Sin embargo, la falta de publicidad y transparencia de este modelo de selección de candidaturas resulta en la desconfianza de su aplicación. Simplemente, para el Estado de México, podría advertirse operativamente complejo y financieramente muy costoso, la aplicación de 210 encuestas, para poder determinar los 125 candidatos a presidentes municipales, 45 diputaciones locales y 40 diputaciones federales. Pero se acallan las inconformidades.
Al final, lo que impera es el pragmatismo electoral y el acuerdo de las élites políticas. Los resultados de la encuesta no pueden ser puestos en duda, en voz de sus dirigencias nacional o estatales, que van administrando su difusión, en la medida que sortean los equilibrios entre los grupos de interés morenista.
La encuesta es un método popular -y populista- para postular a quien está mejor posicionado, pero en las condiciones actuales es un mecanismo ventajoso para quienes ejercen el poder y tienen la posibilidad de reelegirse. La sobreexposición pública que supone ser presidente municipal en funciones, pone una distancia enorme de posicionamiento en cualquier ejercicio de encuesta hacia 2027.
Desde ahora, cualquier encuesta puede tener por delante a los alcaldes en funciones, y cualquier resultado diferente sería para poner en duda la metodología en los ejercicios de selección de candidatos.
Las encuestas -en caso de existir, porque todos hablan de ellas, pero nadie las ha visto-, facilitan la acción sucesoria de quien ejerce el poder a favor de su delfín político. Para mejor ejemplo, se puede identificar la postulación de Claudia Sheinbaum en la sucesión de López Obrador. Aunque al final, la encuesta tiene visos de construirse -no sobre una consulta ciudadana-, sino sobre el consenso de las élites políticas dispuestas a repartirse las candidaturas en disputa.
De ahí que, por ahora, se haya aplazado la emisión de convocatorias para seleccionar a sus candidaturas para presidentes municipales y diputados federales que, supuestamente, saldría en el mes de agosto.
Lo que permea en el imaginario colectivo es que, falta mucho tramo para poder tener acuerdos entre los grupos políticos, y sortear la posibilidad de tener candidaturas resueltas que eviten, en la medida de lo posible, la fractura interna.
Luego vendrá la simulación de las encuestas, y dar a conocer sus resultados, como parte de un ritual morenista por legitimar su imposición.
