Francisco Ledesma / Normalizar el nepotismo
El nepotismo es una
práctica común arraigada entre la clase gobernante que no se reduce a heredar el
poder de cargos de elección popular. Desde ahora, las élites políticas buscarán
darle la vuelta a la ley, para detentar el poder público como si fuese un
ejercicio monárquico o peor aún un negocio familiar que funciona como una
agencia de colocación de empleos, sin importar la experiencia profesional, la
formación académica o los méritos para ocupar un despacho.
Desde hace muchos años,
legalmente, el nepotismo no está permitido, por lo que expresamente está prohibido
que los servidores públicos contraten de manera directa a familiares, pero la
clase gobernante siempre ha interpretado discrecionalmente la legalidad o ha
encontrado formas de no acatarla.
Eso ha permitido, por
ejemplo, que entre diputados o regidores, se coloquen a familiares como
asesores de otros pares de su mismo partido, y eso justifica que ya no son sus
empleados. Otros simplemente niegan sus lazos consanguíneos cercanos como fue
la designación de Enrique Peña en el gabinete de Arturo Montiel, o la de
Alfredo Del Mazo en el equipo de Peña Nieto.
El nepotismo se agudizó
durante los últimos años disfrazado de paridad de género. Los partidos
políticos se vieron obligados a la postulación de mujeres a cargos de elección,
y en los comicios de 2015, emergieron las postulaciones de Olga Esquivel,
Carolina Guevara, Monserrath Sobreyra, que con menos de 30 años consiguieron la
nominación en las boletas electorales, por encima de otras mujeres que tenían
trayectorias de más largo aliento.
Eso también abrió la
puerta para imponer cacicazgos más arraigados entre la clase gobernante. Los
alcaldes ya no debían esperar a que sus hijos crecieran para heredar el poder público.
La paridad de género que debía abrir paso a las mujeres con trayectoria
profesional, también se convirtió en una práctica nociva que ahora trasladó los
privilegios a las esposas de los políticos de siempre.
Pensar que la ley que
prohíbe el nepotismo evitará la tentación de la clase gobernante por heredar el
poder político a sus familiares resulta una absoluta ingenuidad. Las élites
políticas han encontrado diversas formas de beneficiar a sus familiares para
incrustarse en la nómina gubernamental, ya sea desde otros poderes, organismos
autónomos, la burocracia partidista, y recientemente, a través de la elección
judicial, que será estrenada en junio de este año.
El nepotismo debe
reconocerse como el crecimiento vertiginoso de los herederos del poder, a
quienes se les inventan y facilitan los cargos públicos, para alcanzar un ascenso
meteórico en comparación con quienes carecen de nexos familiares.
Eso seguirá imperando,
porque a diferencia de la iniciativa privada, en el sector público existen
pocos filtros para la contratación o peor aún para la designación de mandos
medios y superiores. Así, vemos a gobernantes de todos los partidos políticos
aspirar a cargos de elección no necesariamente por sus buenos sueldos, sino que
la parte más apetitosa del poder, es la posibilidad de hacer negocios al amparo
del presupuesto público, y contratar a sus familiares sin recato alguno.
Difícilmente algún
senador, diputado, alcalde o secretario del gabinete estatal podría lanzar para
la primera piedra, sin haber beneficiado o incidido a lo largo de su carrera
política a favor de algún familiar para que fuese contratado en algún cargo de
la estructura gubernamental, sin importar ideologías o partidos.
Nadie podría pasar la
prueba del ácido de haber normalizado el nepotismo, y haber afianzado al poder
público como un negocio familiar, donde por encima de los méritos profesionales
y formaciones académicas, pesan más los lazos consanguíneos o las relaciones
afectivas convertidas en matrimonio o concubinato.
La tenebra
La oposición a la 4T se
terminó cuando vio la posibilidad de que la Ley contra el nepotismo se
aplicaría hasta el 2030. Y así, Enrique Vargas se convirtió en el Yunes de la
semana, al ser el único panista que votó a favor de que la herencia de los
cargos públicos sean parte de la normalidad política de Huixquilucan y el resto
del país. Por eso las risas junto a Adán Augusto, Alito, Velasco y Añorve.