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El Manual de Maquiavelo 26-03-2021

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Francisco Ledesma / Razones o emociones del voto

Las elecciones intermedias en el Estado de México, sistemáticamente, representan un menor atractivo para los votantes, por lo que los niveles de abstencionismo tienden rebasar a los porcentajes de participación. La razón es muy simple, no se tienen suficientes incentivos para acudir a las urnas, a pesar de que se tienen en disputa más de mil 300 cargos de elección.

En toda estrategia electoral, los ciudadanos tienen dos tipos de motivaciones para decidir su voto: las razones, es decir, aquellas determinaciones que van más en función de su ideología o de sus creencias; y las emociones, relacionadas con su satisfacción o su descontento con determinado partido o candidato.

Lo cierto es que en los comicios intermedios no se encuentran suficientes motivaciones para salir a votar, porque en su mayoría los cargos de elección pasan desapercibidos para el entorno social de los ciudadanos, salvo el caso de los presidentes municipales, vistas como la autoridad más cercana al votante.

Ahora bien, los diputados federales se concentran en la tarea legislativa, cuya toma de decisiones -sus votos en el pleno- responden al bloque partidista que representan, por encima de los intereses de sus electores. Su gestión social -esa labor clientelar legitimada en el régimen priísta- es muy escasa.

Los diputados locales, tienen mayor gestión social, reflejada en una política de incentivos para repartir materiales de construcción, canastas alimentarias y otros insumos asistenciales. Su labor legislativa, se reduce a construir mayorías en torno al partido o alianza que representan.

En ambos casos de legisladores, difícilmente regresan a su distrito para explicar las razones o motivaciones de sus votaciones en el pleno.

En el caso de síndicos y regidores, su nombre aparece dentro de una planilla conjunta que encabeza el candidato a presidente municipal. Hacen campaña arropados por un partido y un liderazgo social de mayor ascendencia política. El voto que reciben es indirecto, para formar mayorías artificiales en los cabildos.

En el modelo presidencialista de los ayuntamientos, su toma de decisiones se limita a la aprobación de presupuestos, planes de obra pública y una limitada gestión social, que trasciende en forma muy acotada en la acción de gobierno. En general, sólo sirven para construir mayorías en torno al presidente municipal.

En esa ecuación, la única motivación se concentra en la elección de los 125 presidentes municipales, cuyo desapego social anticipa una baja participación.

Ahora bien, aquellos electores que decidirán por las razones, pueden estar identificados como el voto duro de cada partido político. Sin embargo, hoy esos votantes transitan en la indefinición, en razón de las alianzas partidistas que han terminado por suplantar la identidad ideológica y conceder candidaturas a sus opositores históricos en determinados municipios o distritos electorales.

Quienes elegirán en función de sus emociones, identificados más como el voto volátil, pueden estar satisfechos con sus actuales gobernantes y dar un paso adelante por la elección consecutiva; o bien, estar descontentos con sus autoridades municipales, pero eso implica asumir que muy probablemente su voto de castigo represente, irremediablemente, votar por algún grupo político que en tiempo pasado ya ocupó cargos de elección en su municipio.

En un escenario tan desolador, por las razones o las emociones que determinan una elección, así como el hartazgo social hacia la clase gobernante y el tono de las campañas que están por iniciar, se puede advertir que de nueva cuenta el abstencionismo se convierta en el gran vencedor de junio próximo.

La tenebra

Los partidos políticos tienen una oferta electoral muy limitada, tanto en sus ideas y en sus propuestas, como entre sus candidatos, que en los casos de quienes gobiernan pretenden reelegirse; y quienes no lo hacen, pretenden elegir a quienes hace tres años ya perdieron.

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