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El Manual de Maquiavelo 25-06-2021

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Francisco Ledesma / Un electorado volátil

El análisis político de la elección del pasado 6 de junio pretende realizar conjeturas respecto del comportamiento de los votantes, en el cual se distingue en la zona oriente una pronunciada preferencia a favor de Morena; y en contraste, en la región poniente, norte, centro y sur del territorio estatal, existió un voto de castigo que reinstaló en el poder al prianismo otrora dominante.

Algunos gobernantes como Juan Rodolfo Sánchez y Patricia Durán, pretextan que Morena quedó en primer lugar, pero que la derrota se debió a la suma de votos de sus opositores; lo cierto es que, con meses de antelación sabían de las condiciones de la competencia y simplemente no pudieron contener a la alianza prianista. En su activismo político, se quedaron cortos de lograr la reelección.

En contraste, en municipios como Ecatepec, Tultitlán, Tecámac y Texcoco, el engranaje morenista funcionó sin falla alguna, y los alcaldes en funciones se impusieron en las urnas para repetir otros tres años. Ahí, donde existe una mayor densidad poblacional, el respaldo a López Obrador fue rotundo, para arrebatar bastiones como Chimalhuacán, Nezahualcóyotl e Ixtapaluca.

Las explicaciones más simplistas refieren que, Morena ganó en las zonas populares, esas que colindan con las alcaldías con mayor marginación como Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Iztapalapa y Tláhuac. Mientras el prianismo triunfó en zonas con mayor desarrollo urbano, colindantes con alcaldías de mayor riqueza como Cuajimalpa, Miguel Hidalgo y Azcapotzalco.

Las conclusiones por ahora, resultan contradictorias. No hay un patrón generalizado que haga pensar que por Morena votaron los sectores de la población más pobres o menos educados; en tanto que el priísmo reivindicó sus victorias más holgadas en donde la marginación y el analfabetismo facilitan la movilización de votantes: Villa Victoria, Ixtlahuaca, San Felipe del Progreso, San José del Rincón, Jilotepec, Acambay, Aculco, Timilpan, entre otros.

También es cierto que, en la medida que aumentan los niveles de participación social, es más difícil que un alcalde o diputado local pueda triunfar meramente con la activación de sus estructuras electorales. Cada vez se hace más necesario el diseño de campañas de aire y de tierra que conecten con los electores.

Ahora bien, el desgaste del poder es evidente cuando 71 municipios experimentaron una alternancia electoral. Los votantes castigaron a las autoridades municipales. Sin embargo, la detención del poder público implica una ventaja política, social y financiera al momento de buscar la elección consecutiva, y eso se hizo evidente en el ritmo de las campañas proselitistas.

La amplia hegemonía de PRI, Morena y PAN define también un predominio de la marca. Son casos muy aislados en donde triunfan los candidatos por su empuje, su carisma, sus propuestas y su capital político. Quienes se creían invencibles, sucumbieron frente a la volatilidad del voto, respecto de la elección pasada.

La lectura priísta hizo invertir el presupuesto donde sabía que tenía amplias posibilidades de ratificar, de competir y de recuperar municipios o distritos.

La evaluación morenista, en muchos casos fue derrotada por el exceso de confianza, y por apostar todo a la robusta imagen presidencial y su aprobación.

Hubo resultados electorales que rompieron con la quiniela de las más confiables encuestas y de los más experimentados analistas políticos.

Hoy, los votantes enfrentan, cada vez, una mayor deliberación en su toma de decisiones, lo que hace un voto más volátil de una elección a otra; con una desdibujada identidad partidista. Y el riesgo de la derrota es para cualquiera.

La tenebra

La renovación de la gubernatura hoy es más incierta que el 5 de junio, el morenismo no aplastó como preveían algunos pronósticos electorales; y el priísmo resucitó a partir de una recuperación sostenida de municipios.

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