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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / La Fosa de Agua

La desaparición de mujeres jóvenes, particularmente menores de edad, que tiene una alta incidencia en el corredor del río de los Remedios, representa un relato desolador para el entorno social de las familias mexiquenses.

Con la reciente aparición del libro La Fosa de Agua, de la periodista Lydiette Carrión, se pone en evidencia un tejido social resquebrajado, frente a una narrativa desgarradora de la que no puede perderse la capacidad de asombro por tratar de entender lo que lleva a muchachos adolescentes a desaparecer compañeras de su edad, ultrajarlas sexualmente, y finalmente, asesinarlas.

La investigación periodística cimbra a vecindarios enteros que conviven entre una violencia incontrolable, la zozobra de una angustia colectiva, y una delincuencia, que en su mayoría, goza de una rampante impunidad.

Como sociedad, todos hemos fallado, por la falta de empatía para comprender la desgracia que implica la desaparición y el asesinato de mujeres, en una acción que resulta sistemática e irrefrenable; la carencia de sensibilidad para apaciguar el dolor de esas familias que en búsqueda de justicia sólo encuentran la revictimización de su pesadumbre; así como la normalización de una violencia de género, por el simple hecho de que cada día se vuelve más cotidiana, más inmediata, pero a la vez, más cruenta, más indescriptible, más aflictiva.

Una narrativa que no puede pasar inadvertida para las autoridades encargadas de proteger de la integridad, las responsables de procurar justicia, y también para aquellos que tienen bajo su mando la administración de la misma.

Aquí se pone de manifiesto la flaqueza institucional. Esas instituciones que tanto presumen, en su discurso y en sus cifras, un combate frontal a la criminalidad, sin embargo, en su tarea cotidiana adolecen de limitaciones humanas, y financieras. Pero, además, evidencian un desdén sostenido y una incapacidad estructural para: investigar, resolver, encontrar, relacionar, aprehender, acusar, en resumen, una tarea tan frágil como la vida misma de las víctimas.

La publicación de Lydiette Carrión, expone que los municipios asolados por la desaparición de mujeres son Tecámac y Ecatepec. En una investigación que muestra sólo un puñado de un problema complejo y profuso, deja una lección invaluable, mediante historias que no pueden seguir aisladas, archivadas y que apuestan al olvido de las autoridades y de las instituciones.

Hay una certeza: un fracaso descomunal en el diseño urbano de ciudades que profundizan las brechas de desigualdad social, escenificadas por la pobreza, la marginación, la delincuencia y el rezago inocultable. Aquí, donde algún día la clase gobernante y las inmobiliarias vendieron sueños que se convirtieron en pesadilla, y donde las oportunidades y las virtudes nunca llegaron.

Tecámac y Ecatepec no sólo se han convertido en las ciudades de las desapariciones. Aquí también prevalece desesperanza, los desencuentros, el desinterés, el desaliento, la desconstrucción y una profunda degradación social.

Actualmente, once municipios mexiquenses cuentan con alerta de género por la alta incidencia feminicida. En la víspera, organismos sociales impulsan una nueva alerta que se concentre en la desaparición de mujeres que tanto lacera a distintos puntos geográficos, que difícilmente encontrarán solución con acciones aisladas, que muchas veces se encaminan a tareas policíacas.

La acción gubernamental, social o colectiva exige recuperar el tejido social en todas sus luces. Se trata de re-conocer las carencias sociales y estructurales que padecen quienes ahí habitan, y cómo recobrar lo que se necesita para vivir.

En conclusión, es inaplazable reconstruir las historias lacerantes, con el ánimo de encontrar nuevos relatos, hacia narrativas alentadoras que llegaran mediante la consistente búsqueda de justicia, y eventualmente, de un diseño urbano más favorable para quienes pretenden encontrar aquí la esperanza perdida.

La tenebra

A propósito del documental 1994 puesto en escena por Netflix, resaltan dos narrativas mexiquenses imprescindibles para entender a su clase gobernante.

Carlos Hank González, que sin aparecer en testimonio, se otea en varios pasajes de la historia relatada. El patriarca del Grupo Atlacomulco, identificado como una élite política que hoy padece los estertores por sus excesos y sus abusos.

Y Carlos Rojas Gutiérrez, mexiquense de origen, quien pretendió ser gobernador hacia finales de los noventa por impulso de Ernesto Zedillo, pero a cuya ambición le cerraron el paso la nomenclatura local, por órdenes del hankismo, para imponer a Arturo Montiel en esa década tormentosa.

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