Francisco Ledesma / La elección intermedia de 2027
Delfina Gómez enfrentará en 2027 sus elecciones intermedias. Un desafío que para el mandatario en turno implica ejercer el poder político del partido en el gobierno. No sólo se trata de afrontar las elecciones por inercia; simboliza reconocer donde radica su liderazgo político y sus prioridades para ampliar o mantener, al menos, los municipios que gobierna.
La elección intermedia significó durante los últimos cuatro sexenios priístas, que el gobernador en turno impusiera a una persona de su círculo más cercano para la operación electoral; y en todos los casos, los dirigentes partidistas impusieron su ascendencia política para convertirse en “tiradores” de la sucesión por la gubernatura: aunque sólo una alcanzó la postulación, pero todos fracasaron en su pretensión de convertirse en gobernador de la entidad.
En el sexenio de Arturo Montiel, para la elección de 2003, ya había colocado al frente del priísmo local a Isidro Pastor. El dirigente tricolor era un hombre del grupo político identificado con el montielismo desde su encargo por Talleres Gráficos. Recuperó gran parte del terreno perdido en las elecciones de 2000. Su oficio político lo posicionó en la antesala de la sucesión gubernamental.
En los comicios intermedios de 2009, bajo el mandato de Enrique Peña Nieto, ya había designado en el PRI estatal a Ricardo Aguilar, a quien conoció en su paso por el Congreso local. Al inicio de su sexenio, Aguilar fue secretario del Trabajo y después comandó al partido. Bajo el efecto Peña, el 2009 significó la mayor recuperación electoral para el priísmo mexiquense de los últimos 30 años. Desde esa ecuación, Aguilar levantó la mano en los tiempos de la sucesión.
Eruviel Ávila estuvo siempre bajo el escrutinio presidencial. Desde Los Pinos le ajustaron media plana de su gabinete a la mitad de su mandato; y le enviaron como dirigente del priísmo a Carlos Iriarte. Previo a la elección intermedia de 2015, Ávila envió al PRI estatal -en una especie de comisionado- a Erasto Martínez, para coordinar la operación política. Los resultados electorales resultaron un retroceso respecto al 2012. No obstante, Iriarte se sintió con las credenciales suficientes para competir por la nominación gubernamental.
Ya con Alfredo del Mazo como gobernador del Estado de México, la receta no cambió. El delmacismo apuntaló a Alejandra del Moral como dirigente priísta en la elección intermedia de 2021. Alfredo conoció a Alejandra en su proselitismo a la gubernatura, cuando Luis Videgaray la impuso como coordinadora de su campaña. Los resultados electorales del 2021, representaron una leve recuperación con relación al catastrófico 2018. La izcallense impulsó desde esa ventaja su postulación a la gubernatura estatal; sin embargo, fue derrotada.
Morena asumió la gubernatura hace un par de años. Delfina Gómez enfrentará las elecciones intermedias, con dudas profundas desde la dirección del partido, porque Luz Ma Hernández no pertenece a su círculo cercano, carece de ascendencia política y parece delegar la toma de decisiones al Palacio de Gobierno; a veces sin el consenso o consentimiento de la gobernadora.
Ahora que Claudia Sheinbaum ha dado un manotazo sobre el escritorio para asumir el control político de Morena desde Palacio Nacional, también parece la coyuntura perfecta para que Delfina Gómez tenga un mayor margen de maniobra en la presidencia morenista, cuando faltan menos de siete meses para la definición de las candidaturas a alcaldes y diputados locales.
Lo que está en juego en el 2027, es garantizar la gobernabilidad de Gómez Álvarez para la segunda mitad de su sexenio; y dejar el destino electoral a la inercia morenista parece muy riesgoso con el desgaste de poder que le significará el mal desempeño de una veintena de alcaldes, la posible ruptura interna y otras coyunturas que podrían representar tropiezos en el camino.
La tenebra
La dirección del partido parece lo menos importante, cuando los grupos políticos apuestan a quien tenga más alcaldes o diputados, será de facto candidato a la gubernatura.
