Francisco Ledesma / Las componendas como método de selección
Cuando falta un año para la elección intermedia de 2027, el discurso de todos los partidos políticos resulta una calca: todos sin excepción se comprometen a renunciar a acuerdos cupulares, abrir las candidaturas a la sociedad en general y como guión sistemático, que en todos los casos se realizarán encuestas para que las postulaciones recaigan en los mejor posicionados electoralmente.
Sin embargo, desde todas las dirigencias partidistas hoy se tiene una toma de decisiones que sólo recae en las élites políticas. Esas dirigencias llegaron al poder de sus partidos, a través de componendas políticas, mismas que deberán prevalecer para sostener el statu quo de su encargo y de sus posibles aspiraciones personales. Los grupos políticos ganan en esta ecuación.
Resulta inviable financieramente pensar que los partidos políticos en el Estado de México, levantarán en promedio, 210 encuestas, para definir las candidaturas de 125 municipios, 45 distritos locales y 40 distritos federales. Lo que existe es una simulación de apertura democrática, y un discurso que resuena con la apariencia de que la ciudadanía está en el centro de la toma de decisiones.
La realidad de lo que ocurre pinta muy diferente. Desde hoy, todas las dirigencias políticas parten de un primer análisis: una evaluación de cuántos municipios o distritos tienen una real capacidad de competencia electoral, aquellos que son alcanzables para ganar en las urnas el primer domingo de junio de 2027.
A partir de ese primer criterio, los partidos políticos generan una segunda valoración, dónde se hace necesario o indispensable construir alianzas electorales para asegurar el triunfo o elevar sus posibilidades de victoria. Ahí, vendrá en su momento, la capacidad de negociación con otras fuerzas políticas en construir las coaliciones que se presentarán en las campañas electorales.
Y el tercer elemento es la definición de las candidaturas, cuyo único criterio a la vista es la rentabilidad política de los partidos. La ecuación más inmediata tomará en cuenta la reelección de alcaldes y diputados en funciones. Y el segundo criterio, implica generar equilibrios entre los grupos internos que conforman los partidos políticos, para evitar la ruptura interna considerada siempre la causa de la derrota hasta en los partidos hegemónicos.
Lo que se impone son acuerdos cupulares que permitan sortear las diferencias entre Horacio Duarte e Higinio Martínez en Morena; las pugnas eternas de cacicazgos prevalecientes en el PRI que conciten alrededor de Cristina Ruiz; la posible ruptura entre Enrique Vargas y Anuar Azar; poner sobre la mesa la competitividad de los exiliados reclutados por José Couttolenc; y equilibrar la balanza del PT de Reginaldo Sandoval con el de Óscar González Yáñez.
Hoy, en las dirigencias partidistas ya circulan listas de quienes podrían ser los posibles candidatos del 2027, mismos que hacen trabajos de posicionamiento y promoción en sus respectivos municipios o distritos. No se guardan nada. No compiten por la encuesta; la contienda es cerrada entre las cúpulas del poder político que toman las decisiones en un escritorio para cerrar el paso a la división, pero imponer sobre todas las cosas, los intereses de grupo.
Por esa razón, prevalece la reelección y el nepotismo electoral, bajo el diseño de una clase gobernante que se considera dueña de las franquicias partidistas y de las candidaturas a cargos de elección. Y las dirigencias partidistas, guardan las encuestas debajo del cajón, porque la designación de candidaturas por palomeo o dedazo, es una fórmula inequívoca de cómo llegaron al poder y de cómo conservarlo para sí mismo, o para su mismo grupo político.
La tenebra
Y si en lugar de los mejor posicionados, los partidos políticos se preocuparan por postular a los mejor preparados. Y si la paridad de género y la renovación generacional no fuera sinónimo de beneficiar a las esposas o a los hijos de la clase gobernante. La democracia debería ser un concurso de capacidad, antes que una competencia de popularidad.
