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El Manual de Maquiavelo 22-01-2021

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Francisco Ledesma / El pacto que el PRI necesita

Transcurría el mes de octubre de 2010, durante la segunda mitad del sexenio calderonista, cuando el PRI de Enrique Peña Nieto instrumentó la perniciosa firma de un pacto secreto en contra de las alianzas electorales, signado por el entonces dirigente nacional del PAN, César Nava Vázquez, y la presidenta nacional priísta, Beatriz Paredes Rangel; como testigos de aquel documento firmaron Fernando Gómez Mont, titular de la Segob y Luis Miranda Nava, el controversial y siempre influyente secretario general de gobierno estatal.

El propósito era evitar a toda costa la coalición entre panistas y perredistas en los comicios del Estado de México, y garantizar con ello la preservación del poder político del Grupo Atlacomulco en la renovación de la gubernatura mexiquense en julio de 2011, y reivindicar el proyecto presidencial que perseguía el peñismo.

El último intento por construir una coalición opositora se diluyó cuando Eruviel Ávila fue postulado candidato a gobernador, poniendo fin a los amagos del ecatepense para enfundarse en abanderado de la oposición. Fue Peña Nieto quien reveló el pacto anti alianzas, dando muestras de su ascendencia política en el PRI nacional, y de su operación electoral en el estado que gobernaba.

A una década de distancia, la coyuntura electoral ha modificado drásticamente, y hoy más que nunca el PRI mexiquense impulsa y promueve una alianza electoral entre PAN y PRD, a la cual pretende adherirse en su afán por preservar el poder político en su otrora bastión electoral: el Estado de México.

El priísmo que resucitaba en cada elección intermedia, hoy se encuentra resquebrajado como consecuencia de su desgaste en el poder. Los exgobernadores que critican la inmovilidad política del presente, son los responsables de los altos negativos que el PRI sostiene con su electorado.

Como he destacado en este espacio reiteradamente, la elección de junio próximo trasciende como la última posibilidad del priísmo mexiquense para conservar la gubernatura en 2023, pero requerirá de dividir el poder municipal en tres o cuatro fuerzas electorales, y todo apunta que su única alternativa es mediante una alianza opositora al partido que despacha en Palacio Nacional.

El vertiginoso avance y ascenso electoral de Morena, en sólo tres años, le permitió a un partido emergente ganar la Presidencia de la República por el arrastre de Andrés Manuel López Obrador, y con ello gobernar más de 50 ayuntamientos y controlar la mayoría del Poder Legislativo en territorio estatal.

Pero lo que realmente genera insomnio en la estrategia electoral, es que el panorama para el priísmo es absolutamente sombrío, ante un morenismo que no ha perdido impulso, o bien, al que el desgaste en el poder no ha impactado.

Hoy, el único pacto que conviene al PRI de Alejandra del Moral es unir al PAN y al PRD en una causa común que es hacerle frente a Morena en las próximas elecciones. Se trata de una alianza pragmática, ante la contradicción ideológica que supondría coaligar a la derecha y a la izquierda: y estos, sumarse al enemigo que siempre dijeron combatir y que les dio origen en distinto momento.

La eventual alianza PRI, PAN y PRD no supone un dibujo de lo que pudiera suceder en 2023. Su conformación tiene apenas el objetivo de emparejar un terreno hoy decantado a favor de Morena, mediante una elección más disputada y dividida a la hora de repartir el poder público de los próximos tres años.

Sin embargo, para el priísmo parece que hoy no existe otra alternativa.

La tenebra

Lo que está en riesgo, es la muy buena relación personal y el entendimiento político entre López Obrador y Alfredo Del Mazo, pero los tiempos electorales requieren de otro tipo de pactos, y ambos así lo asumen, lo entienden y lo ejecutan.

El 7 de junio, vendrá un reencuentro político y personal.

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