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El Manual de Maquiavelo 17-09-2021

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Francisco Ledesma / La cúspide del poder

En el momento cúspide de su mandato, Alfredo Del Mazo Maza arranca el último tercio de su sexenio en mejores condiciones políticas y sociales que las enfrentadas en los primeros cuatro años de su ejercicio de gobierno.

La noche del seis de junio, transcurridas las elecciones intermedias, el delmacismo tomó un respiro para afrontar la consolidación de su proyecto político, y en consecuencia, asumir la sucesión de la gubernatura en 24 meses.

Semanas después de confirmados sus triunfos electorales, convocó a los exgobernadores Arturo Montiel, César Camacho y Eruviel Ávila, quienes acompañados de sus grupos políticos beneficiados en los comicios, arroparon al mandatario en turno para reivindicar la unidad del partido que ha dominado la gubernatura del Estado de México durante los últimos 80 años, pero particularmente asumir el liderazgo en el ejercicio del poder.

En medio de los comicios intermedios, Del Mazo mostró su capacidad para sostener una alianza con el panismo; sin que eso implicará un rompimiento político en su trato amable con la oposición morenista, que sigue siendo mayoría.

De un lado, como jefe de partido alcanzó a sortear las elecciones para recuperar terreno en más de 50 municipios y la presencia de 24 diputados locales; y por otra parte, desde su posición de gobernante, se mantiene en un ánimo conciliador frente a la hegemonía morenista en los municipios más poblados.

Con el paso del tiempo, ha mantenido una relación institucional con el gobierno de López Obrador. En paralelo, ha marcado su distancia con la dirigencia nacional priísta que encabeza Alejandro Moreno Cárdenas; y ha reivindicado la alianza Edomex – Hidalgo, al sostener lazos vinculatorios con Osorio Chong.

En resumen, confiado en los resultados de junio pasado, ha dejado de manifiesto sus alianzas, sus afectos y sus diferencias al interior de su partido y de su estado; y hacia el exterior de su militancia y de su territorio de incidencia.

Frente a los escenarios sucesorios, Del Mazo impulsa el ascenso político de quienes tienen su afecto, y ha frenado las aspiraciones de quienes en el pasado fueron sus adversarios desde el priísmo local. Sin dar el banderazo de salida para la sucesión, el gobernador mexiquense busca desde ahora sostener el control de la candidatura de su partido y su operación electoral.

Faltan dos años para la elección, por lo que la coyuntura delmacista debe favorecer en una mayor gobernabilidad con municipios afines a su militancia, y una legislatura con un abundante equilibrio que le permitirá negociar, antes que claudicar; es momento de consolidar su proyecto de gobierno y su grupo político.

El cuarto informe de gobierno marcará la pauta de su construcción política, en la medida en que el priísmo mexiquense se ha consolidado como el de mejores resultados electorales, y con absoluta ascendencia con el resto del país.

La cúspide política del sexenio deberá estar consolidada en la figura de un gobernador más cercano al territorio, y que vaya más allá de los programas sociales que han sido su insignia en los primeros cuatro años de su mandato. No son tiempos de aspirantes a la gubernatura, cuando el mandatario en turno tendrá su momento político de mayor plenitud a partir del mes de enero, con una alta presencia de priístas en los ayuntamientos.

En su posición de primer priísta de la entidad, deberá consolidar la operación política que permita mejorar la evaluación personal y de su gobierno, a pesar de la anticipada sucesión que pretenden construir panistas y morenistas en la construcción discursiva de sus adelantados candidatos.

La tenebra

En los próximo dos años, deberá allanar la unidad del partido, para tener condiciones de ser competitivo, y retener una gubernatura, frente a un priísmo que lo ha perdido prácticamente todo en los últimos cuatro años.

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