Francisco Ledesma / El nepotismo y el influyentismo… herencias que prevalecen
El nepotismo y el influyentismo representan los mayores lastres del régimen priísta que, en esencia la alternancia morenista -tanto a nivel federal como estatal- se comprometió a combatir, pero que no ha logrado desvanecer, y muy por el contrario, se ha enquistado como una manera por ejercer el poder público y hoy lacera en la credibilidad institucional del movimiento de izquierda.
La reciente suspensión de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán -hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador-, refleja además, la ascendencia política que detentan los descendientes del exmandatario en la toma de decisiones de su mandato; así como la incidencia que ejercen en otros gobiernos subnacionales, aprovechando su vínculo familiar con el líder moral morenista, más allá de su retiro de la vida pública del país.
El Estado de México, no es ajeno a esta condición, la conoce a profundidad. El 12 de junio de 2019, José Ramón López Beltrán visitó el Congreso del Estado de México. En su momento, trascendió que se reunió con la bancada morenista para abordar la instrumentación de programas sociales, la agenda parlamentaria en la entidad y la actividad de gestión de los diputados locales.
La reacción fue inmediata. Un día después del encuentro con legisladores mexiquenses, López Obrador emitió una carta en la que expresó a todos los servidores públicos del país, no tener la obligación de recibir en sus oficinas o contestarles los teléfonos a sus familiares, en los que se incluían a sus hijos, hermanos, cuñados, nueras y demás parientes del tabasqueño.
El acto más allá de lo anecdótico, evidenció la pretensión de los hijos de López Obrador por incidir en las acciones de gobierno de todo el país.
Al paso de los años, con el triunfo de Delfina Gómez Álvarez como gobernadora del Estado de México, se insistió en que Andy López Beltrán habría influido en la designación de Andrés Andrade Téllez -al frente de la Secretaría de Seguridad- y Paulina Moreno García como secretaria de Finanzas, al comienzo del sexenio morenista en territorio estatal. Su activismo político se ejercía a plenitud.
Téllez y Moreno, fueron víctimas del “fuego amigo” entre las tribus morenistas mexiquenses, por lo que fueron despedidos a los pocos meses de haber asumido su encargo, a pesar de la fuerte recomendación a su favor por parte de Andy López Beltrán, a quien recientemente le han quitado la visa de Estados Unidos.
Lo cierto es que, el influyentismo es un lastre heredado de gobernadores priístas, que delegaban a sus familiares los negocios al amparo del poder político.
Salta a la vista, el caso de Arturo Montiel Yáñez, el primogénito del exgobernador Arturo Montiel Rojas, a quien se atribuyeron depósitos en efectivo que resultaban millonarios durante el sexenio de su padre, y que fueron la punta del Iceberg en la defenestración del atlacomulquense al final de su mandato.
En el caso de los últimos tres sexenios priístas, los hermanos de los exgobernadores siempre fueron señalados por ser quienes encabezaban negociaciones con empresarios, proveedores y altos mandos del gobierno para determinar la licitación y adjudicación de contratos gubernamentales.
En ese listado podrían encumbrarse a Arturo Peña Nieto, Germán Ávila Villegas, además de Alejandro y Adrián del Mazo. Todos con un denominador común: aprovechar sus relaciones familiares para tocar oficinas de gobierno y consolidar una insana relación entre el poder político y el poder económico, que siempre ha favorecido al gobernador en turno.
Incluso, en la fallida campaña de la expriísta Alejandra del Moral a la gubernatura mexiquense, el modus operandi apuntaba hacia el mismo propósito: Pepe del Moral, a quien la hoy funcionaria morenista presume de forma recurrente en redes sociales, era uno de sus operadores políticos y financieros, en su recorrido electoral que terminó en la histórica derrota del PRI frente a Morena.
Pero sin importar el partido político y la ideología, aunque guardando las dimensiones necesarias, en Morena el nepotismo y el influyentismo siguen más como una enseñanza de sus antecesores, que como elementos que se hayan logrado difuminar de su ejercicio de poder.
