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El Manual de Maquiavelo 13-08-2021

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Francisco Ledesma / La tercera ola de incertidumbre

La tercera ola de contagios por covid-19 ha vuelto a colapsar las posibles soluciones que los gobiernos habían construido para afrontar la pandemia más lacerante del siglo XXI, y ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la instituciones públicas y privadas frente a una profunda crisis sanitaria.

Cuando se pensaba que las vacunas anticovid serían la respuesta a la emergencia de salud, en todo el mundo, y México no es la excepción, nuevas variantes han generado un nuevo brote de contagios, quizá con una menor hospitalización y letalidad, pero con la misma incertidumbre para la población.

En el peor de los escenarios posible, la pandemia no sólo ha generado una preocupación por la salud de las grandes ciudades y de las comunidades más alejadas; además ha agudizado el deterioro de los indicadores económicos como el creciente desempleo, la precariedad laboral y una mayor pobreza.

La emergencia sanitaria ha determinado que las instituciones gubernamentales son un hilo conductor en la convivencia del espacio público, y en la definición de políticas públicas encaminadas al cuidado de la salud. Sin embargo, sus limitaciones presupuestales, materiales y humanas, demuestran su incapacidad para ser un agente solitario en la definición de respuestas.

El sector salud ha sido rebasado sin importar el grado de desarrollo económico, social o democrático de las naciones. A lo largo de 18 meses, la crisis sanitaria ha mostrado síntomas de preocupación en todos los sectores sociales, sin importar su lugar de origen, sus ingresos económicos o su ideología política.

Lo cierto es que, en los peores momentos de la crisis por covid, la clase gobernante ha tratado de obtener una rentabilidad política o electoral, culpando al oponente de la cifra de contagios o fallecidos a causa de este virus.

Los semáforos epidemiológicos han sido rebasados. Hoy, aunque la narrativa insiste en que la prioridad es la salud, ya nadie se atreve a retomar las restricciones del espacio público para evitar un mayor colapso económico.

Los gobiernos subnacionales han renunciado a la toma de decisiones de sus respectivos estados. Como nunca antes, el presidencialismo se ha reivindicado en el país. Hoy presidente decide en absoluto la apertura económica, la distribución de las vacunas y el inminente regreso a clases presenciales.

En la percepción social, la simulada reanudación a la normalidad sólo tuvo propósitos electorales que permitieran el desarrollo de actividades proselitistas y la organización y realización de la jornada comicial el pasado mes de junio.

A la distancia, los gobiernos subnacionales asumen definiciones para evitar una alta concentración de personas y cualquier actividad masiva; aunque paralelamente acatan el regreso a clases sin mayores resistencias.

En el mayor ritmo de contagios por covid, los gobiernos actúan por inercia para administrar al sistema de salud pública y evitar un colapso de sus hospitales. Con decisiones aisladas, se apuesta a una reconstrucción económica a partir de la apertura de negocios, sin importar mucho los aforos y los horarios.

Por encima de la incertidumbre que ha generado el tercer brote de contagios, los desafíos por delante, a nivel nacional, vuelven estar encaminados a cerrar las brechas de desigualdad social: lo que implica garantizar necesidades básicas como alimentación y vivienda; aunado a un mayor acceso a la educación, a la salud, a la seguridad social, a empleos formales, etcétera.

Con el avance de la pandemia, el tercer mundo ha demostrado que su manera de afrontar las crisis es mucho más lenta, que como lo hace el primer mundo.

La tenebra

El sector salud se ha deteriorado sistemáticamente desde hace décadas, pero poco se hace o se proyecta para su reconstrucción en dos meses, dos años o dos décadas. Los gobiernos reconocen su crisis, pero actúan por inercia; los diputados reclaman un sistema más eficiente, pero nada modifican en sus presupuestos y financiamientos.

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