Francisco Ledesma / La discusión de los plurinominales
No hay partido político que no haya beneficiado a sus burocracias partidistas bajo el reparto de las diputaciones plurinominales. No sólo eso, los diputados plurinominales, cuando asumen sus posiciones legislativas, se convierten en la cúpula parlamentaria que toma decisiones sobre el resto de sus pares legisladores. Eso, ha ocurrido históricamente, en el Congreso Federal y Local.
Su existencia, debe remitirse a tiempos donde un partido hegemónico ganaba todos los distritos locales; y en consecuencia, la oposición se quedaba sin representación. El presidente o el gobernador en turno, no tenía contrapesos políticos, y gozaba de un poder absoluto al momento de enviar reformas legislativas o en el proceso de aprobación del paquete fiscal de su mandato.
El avance democrático del país, justificó la presencia de los plurinominales, para darle presencia a la oposición; voz y voto que jugara de contrapeso. Fueron los dirigentes partidistas nacionales y locales, los primeros en beneficiarse de esos lugares en los congresos. Sin embargo, la perniciosa política, hizo que esas posiciones pronto perdieran legitimidad frente al electorado.
La recién fallida reforma electoral apostaba a eliminar listas de plurinominales, y que fuera la votación directa la que decidiera quiénes ocuparían ese espacio de representación legislativa. Eso, a nivel federal, hubiera implicado una competencia desigual, porque quizá una candidatura plurinominal del Estado de México habría tenido enormes ventajas sobre un candidato de Colima.
Lo cierto es que, las cúpulas partidistas prefirieron no arriesgarse y votar en contra, bajo argumentos poco sólidos, como el hecho de que sería un recorrido desafiante, el hecho de que los plurinominales tendrían que hacer campaña en cinco estados, durante una elección federal.
La prevalencia, es que las burocracias partidistas -las de oposición- se “agandallan” las plurinominales para beneficio personal; y ser parte de la negociación política con el gobierno, en la aprobación de leyes y presupuestos.
Mientras que, los gobernantes en turno, aprovechan las plurinominales de sus partidos, para posicionar ahí a sus colaboradores más afines, aquellos que incluso pretenden proyectar políticamente, sin esforzarse electoralmente.
La existencia de los plurinominales es necesaria para generar contrapesos políticos. Quizá en el fondo, nadie pretende modificar su modo de elección; además de su peso político al interior de los Congresos, pues son los plurinominales quienes terminan por definir la agenda legislativa, el reparto de comisiones, y el ejercicio presupuestal del Poder Legislativo.
No es lo mismo ser un diputado que sólo vota leyes y presupuestos, que previamente ya fueron decididos por la burbuja parlamentaria, esa que llega a su curul por decisión anticipada al día de la elección; se trata de los legisladores que negocian desde la cúpula, o sólo instrumentan las decisiones que surgen desde el Poder Ejecutivo. Esa es la discusión de la que pocos hablan.
La figura de los plurinominales es, también, la más defenestrada porque se han alejado de su labor parlamentaria. Los partidos políticos deberían volver a su origen: la formación de cuadros políticos, la discusión seria desde cualquier tribuna legislativa y que los plurinominales representen posiciones ideológicas por encima de intereses sectarios; cuya posición sea producto de su experiencia o su aporte a la discusión de los grandes temas del país o del estado.
Pero hoy, los plurinominales se han convertido en una posición de quienes han tomado por asalto los partidos políticos -o enviados por el gobernante en turno-, para mantenerse vigentes en el ejercicio del poder, y cuya negociación no obedece a posiciones parlamentarias, sino a intereses personales o de grupo.
La tenebra
Ser plurinominal debería ser un asunto de meritocracia; hoy se imponen las cuotas, los cuates y la dinastocracia.
