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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / Poder Legislativo, un contrapeso

Hace nueve meses, los votantes mexiquenses eligieron copiosamente una mayoría legislativa opositora, bajo una sola premisa: construir un nuevo régimen político, o bien, incidir en una transformación institucional sobre aspectos de la vida pública que cayeron en excesos, omisiones, conflictos de interés.

A la distancia, Morena sólo ejerce esa hegemonía política que le fue depositada en las urnas, para desde distintos matices imponer su mayoría legislativa y modificar cotos de poder que se encuentran agotados, desgastados o colapsados en su funcionamiento, operación, financiamiento y hasta toma de decisiones.

Durante los últimos siete meses, Morena ha logrado determinar la agenda pública del Estado de México, como parte de tres condiciones sustanciales: posicionar asuntos prioritarios para los mexiquenses; la proliferación de distintas voces morenistas en el diálogo institucional; y la inoperancia de los otros poderes públicos; así como la inacción de los otros ámbitos institucionales.

En la reivindicación de sus temas legislativos, es innegable la capacidad morenista para conjugar una amplia empatía con las familias mexiquenses, y la postura consecuente para alcanzar su agenda pública. Otro asunto, no menos importante, es la promoción mediática alcanzada en los temas fijados.

Desde las acciones más reducidas hasta las reformas de alta trascendencia, la mayoría de Morena ha logrado la aceptación social para quitarle sus privilegios a los exgobernadores -que contaban con escoltas y ayudantía-; eliminar el Programa de Apoyo a la Comunidad y abrogar la reforma al Issemym.

Los cálculos políticos del Poder Ejecutivo han sido inciertos. Y han tenido dificultades hasta para la aprobación del presupuesto de egresos, en donde tuvo que conceder una mayor asignación de recursos públicos para los municipios, ahora gobernados abrumadoramente por la corriente del morenaje.

Sin embargo, el comportamiento de Morena no es casual. Los doce años de campaña de Andrés Manuel López Obrador determinaron la ruta que cada uno de los actores políticos deberían transitar para contraponerse a las élites políticas de antes y de siempre. Hoy, el régimen político se desmorona, en tanto que los grupos dominantes están obligados a ceder, conceder y retroceder.

Es decir, lo que decide y ejerce Morena desde el ámbito local viene precedido por una instrucción de la administración federal, que hoy lo abarca, lo domina y lo gobierna absolutamente todo; mientras desplaza a grupos de poder que advierten la pérdida de sus privilegios personales o de conjunto.

Y la agenda legislativa no se detiene. Ahí viene la eliminación del fuero para servidores públicos, la reforma -bajo sus condiciones- del Issemym, la democratización sindical, la regulación del notariado y la reforma universitaria.

Morena ha entendido y asumido su postura política. Funge como un real contrapeso al Poder Ejecutivo, que ya no tiene la mayoría suficiente para ejercer esas facultades metalegales que le concesionaba el partido hegemónico.

En más de una ocasión, se ha dejado correr la versión de una eventual fractura de Morena auspiciada por fuerzas e intereses externos. A la fecha, el grupo mayoritario se muestra compacto, pero también fortalecido frente a los posibles y fallidos embates para convencerlos de la escisión como un canje con ganancias. La estrategia por debilitarlos ha fracasado severamente.

Con las iniciativas que ya existen en comisiones, Morena habrá ganado tiempo suficiente para alcanzar sus objetivos, en apenas el primer año ordinario de sesiones. Y habrá completado un año redondo, que tras haber doblegado electoralmente al priísmo, también se habrá impuesto en el debate, en las iniciativas, en la agenda mediática y en las condiciones políticas del Estado de México.

El Poder Ejecutivo sólo tiene dos explicaciones por delante: no tiene agenda propia, o simplemente no encuentra las condiciones para emprender las reformas legales que sean una prioridad para su proyecto de gobierno.

Lo cierto es que, Morena apuesta a abrir el abanico de instituciones públicas a la dominancia de su grupo político. Ya vendrá el reparto de posiciones en el Poder Legislativo y de algunos organismos autónomos, como pago a las componendas de poder que hoy se ajustan y se discuten desde la Legislatura, y que se padecen, se sufren y se lloran en otras instituciones públicas.

Morena, con la agenda a su favor, habrá ganado otras posiciones de poder más allá de la Legislatura estatal; y sus diputados habrán obtenido notoriedad política tan necesaria para su futuro personal y su proyección electorera.

Morena y su fracción legislativa quiere ganarlo todo en las elecciones que vengan, dentro de dos, cuatro y cinco años. Ese será el verdadero contrapeso.

La tenebra

No es lo mismo “serenense” que serenos morenos.

 

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