Francisco Ledesma / 365 días de un registro fallido
Hoy se cumplen 365 días de que inició un proceso de sucesión en la rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), el cual modificó para siempre la vida interna de la institución, derivado de una ambición desmedida por el entonces rector Carlos Barrera de imponer una candidatura oficialista que se topó con pared, ante la inconformidad profusa de su comunidad: incluidos estudiantes, docentes y personal administrativo.
El 6 de marzo de 2025, se diagnosticaron los primeros síntomas de una contienda desigual, marcada por un registro discreto de prácticamente todas las aspirantes a la rectoría con excepción de Eréndira Fierro; quien llegó acompañada de contingentes de alumnos -algunos menores de edad-, directivos de espacios académicos -que marcaban una contienda inequitativa-, docentes y administrativos, todos “acarreados” como si se tratase de un mitin político.
Sesenta días después, el 6 de mayo, un nuevo contingente estudiantil se movilizó hasta la misma sede de aquella inscripción, pero con una convocatoria genuina, tomó las instalaciones del edificio de rectoría con una causa legítima: suspender un proceso electoral que se pretendía controlar desde la cúpula, mediante componendas políticas, amenazas hacia las aspirantes para alinearse, y una narrativa que se instalaba en sus medios más afines.
Transcurrieron 200 días, tiempo en el que la asamblea estudiantil marcó la agenda pública. Hubo solidaridad del sector académico y del administrativo. El proceso electivo, como nunca antes, tuvo un conteo conforme a cada espacio académico. No hubo candidaturas de unidad. Patricia Zarza resultó electa.
La vida institucional parece ya no ser la misma, porque la comunidad estudiantil puso el ejemplo de que las dinámicas burocráticas pueden -y deben- renovarse, modificarse o regenerarse para que las instituciones sean funcionales.
En este mismo lapso, la rectora uaemita debió rendir su primer informe de actividades, aun cuando asumió el cargo dos meses más tarde de lo previsto en la renovación universitaria. Y en siete meses de su mandato, apenas ha cumplido cien días desde que despacha en el torreón de rectoría.
Lo que viene por delante, son tres años de amplios desafíos para la comunidad universitaria: recobrar su prestigio; el cual no ha sido dañado por una protesta estudiantil ni por las pintas a las paredes. Ese prestigio se ha lastimado durante años por la indolencia de quienes ocuparon previamente la dirección universitaria, y la mancharon por la Estafa Maestra, por el desprecio a los tendedores que denunciaban acoso escolar y de género, por la arrogancia de quienes se autodesignaron investigadores eméritos, entre otros lastres.
No se trata de encontrar culpables, en un país acostumbrado a los pactos de impunidad, y donde difícilmente los responsables tendrán castigo más allá de la defenestración pública y moral. Lo que se requiere es encontrar nuevas formas en el quehacer universitario que entienda que el centro de su atención es el estudiantado, y la imperiosa necesidad de una enseñanza de calidad.
Ya pasaron 365 días de aquel fallido registro. Hoy la UAEMex exige atender los rezagos, el deterioro y el abandono de muchos años. Pasar de las calificadoras pagadas a nuevas formas de evaluar sus procesos y la calidad de sus programas de estudios y los perfiles de sus docentes, dimensionar el alcance de sus metas entre lo posible y lo deseable, romper paradigmas y asumir tramos de autocrítica para no caer en la tentación ni en la ambición de su pasado más reciente.
La tenebra
Los apoyadores del erendirismo, son peores que San Pedro, la niegan más de tres veces. Y quieren acomodarse en el rectorado en curso, pese al daño causado.
