El Manual de Maquiavelo 03-07-2026

Francisco Ledesma / La desmemoria sobre Isidro Fabela

El pasado lunes 29 de junio, se cumplieron 144 años del natalicio de Isidro Fabela, exgobernador del Estado de México, una fecha altamente simbólica que durante el régimen priísta implicaba la evocación de la clase gobernante hacia el fundador del Grupo Atlacomulco, y que hoy, en tiempos de alternancia electoral pasa desapercibida en el calendario cívico oficial.

Atrás quedaron los tiempos en que el gabinete legal y ampliado, además de la mayoría de diputados federales y locales, así como magistrados y jueces rendían homenaje a quien se atribuía como parteaguas en el grupo político del priísmo que gobernó el Estado de México durante largos ochenta años.

Por las referencias públicas, se puede advertir que el pasado lunes se registró un evento minúsculo, con una ofrenda floral puesta sobre su estatua, encabezado por el consejero jurídico estatal, Jesús George Zamora, acompañado del alcalde morenista, Nicolás Martínez Romero; en lo que parece una apuesta a la desmemoria de quien asumió la gubernatura estatal en tiempos muy convulsos tras el asesinato de Alfredo Zarate en la década de los cuarenta.

Hay elementos que llaman a la reflexión política, tanto de quienes hoy encabezan el Poder Ejecutivo como de una oposición priísta que también parece renegar de su pasado histórico, del que insistentemente dicen sentirse orgullosos.

Ahora que en fechas recientes, el régimen morenista machacó una y otra vez la defensa de la soberanía nacional, debió revisar referencias históricas sobre la trayectoria de Isidro Fabela, y pudo haber encontrado que sus acciones más trascendentes encontraron alcance en su oficio como diplomático, cuando se opuso a la dictadura de Victoriano Huerta y defendió la presidencia de Venustiano Carranza, frente a la amenaza del intervencionismo extranjero.

Hubiera sido un buen momento y elemento para retomar esa narrativa oficialista que pretende instalarse en la defensa de su proyecto de nación, por encima de cualquier interés extranjero y su seducción hacia la oposición partidista.

En la acera priísta, tampoco parece haber memoria. Esa narrativa que romantiza con el pasado, no tiene el mínimo interés por recordar a su clase gobernante, quizá porque asume que arrastran una enorme carga de negativos.

Sin embargo, Isidro Fabela era en el pasado reciente, la mayor referencia para asumir que desde Atlacomulco se había erigido una clase gobernante capaz de ejercer dominancia en el ejercicio del poder público. Desde ahí, surgió el mito de los gobernadores nacidos en este municipio mexiquense, y su capacidad para alcanzar la Presidencia de la República bajo el mando de Enrique Peña.

A la distancia, hay algo elemental que en la narrativa política salta a la vista.

Dentro de poco, Morena deberá tener sus propias referencias históricas para construir una cultura cívica que identifique a su régimen político. Es absolutamente lógico que Fabela no esté en los personajes más prioritarios de su calendario cívico, porque sería un contrasentido. No obstante, requerirá construir sus propias figuras que le otorguen identidad y pertenencia.

Desde la trinchera del PRI, la reflexión deberá ser más profunda, para saber qué parte de la historia pretende contar, pero está claro que hablar de los últimos gobernadores es su mayor flagelo: ya sea por su mala imagen pública, o porque simplemente ya ni siquiera forman parte de su militancia. Lo que no puede permitirse es renunciar a lo que antes le representaba su mayor referencia.

La terca memoria hoy parece unirlos. El gobierno delfinista ha sido más condescendiente con el aniversario luctuoso de Alfredo del Mazo González cada mes de enero; con la presencia constante del exgobernador Alfredo del Mazo Maza, quien prefiere olvidar su pasado priísta por sus desencuentros con la dirigencia nacional.

Y así, la historia busca su propio acomodo, según el partido y el gobernante en turno.

La tenebra

Y si la red de aviadores se comenzara a investigar en los ayuntamientos, ahí los ahorros serían inconmensurables. Y alcanzaría para el bacheo de cientos, quizás miles de kilómetros.