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El líder (o lideresa) que necesitamos

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Juan Carlos Núñez Armas*

Hace algunos años me tocó presenciar una plática entre estrategas citadinos y un grupo de personas en una comunidad rural. Los primeros preguntaron a los lugareños: “¿aquí han nacido grandes hombres?”, queriendo evidenciar la falta de preparación académica de las personas con las que dialogaban. Con un gran sentido de sabiduría, característica de muchos de nuestros bien intencionados y hasta sabios campesinos, los segundos contestaron: “no joven, aquí todos nacen chiquitos”.

Y sí, esa sabiduría de muchos de nuestros pueblos encierra una gran lección. Se puede nacer con algunas capacidades que ayudan a desarrollar un liderazgo, pero el líder político, en la gran mayoría de los casos, se hace por su preparación y las circunstancias en las que se desarrolla.

Ahora recuerdo las palabras bíblicas: viene la plenitud de los tiempos, en nuestro caso los tiempos electorales. Para unos la renovación de sus dirigencias. En el caso de Morena ya está lista la convocatoria a su III Congreso Nacional Ordinario, donde elegirán a sus coordinadoras/es distritales, congresistas estatales, consejeras/os estatales y congresistas nacionales.

En el caso del PAN, sin fecha exacta, se han manifestado por buscar la dirigencia Gerardo Priego Tapia, Francisco Domínguez Servién y Adriana Dávila. En el caso del PRI ha quedado claro que un grupo de priistas están inconformes con su dirigente nacional, y los resultados electorales pasados, exigiendo su destitución. Cualquiera que sea el caso es importante porque el año 2022 se renovarán gubernaturas en seis estados, Oaxaca, Tamaulipas, Hidalgo, Durango, Aguascalientes y Quintana Roo. Y, desde luego, el gran preliminar presidencial: la gubernatura del Estado de México en el 2023.

En otras palabras, estaremos asistiendo a una serie de campañas donde se plantearán la necesidad contar de líderes y lideresas con ciertas cualidades. Comparto con ustedes algunas de mis consideraciones sobre esas cualidades deseables, y hasta necesarias, que nos acerquen a elegir a las/os mejores.

Felipe González, en su libro En busca de respuestas, el expresidente del gobierno español, nos da algunas extraordinarias ideas sobre qué buscar en un/a futuro/a gobernante. Nos dice González que un líder político debe ser rebelde, “rebelde consigo mismo, rebelde frente a lo que no le gusta de la sociedad y rebelde respecto a las circunstancias que dificultan el proyecto que pretende”.

Necesitamos que un líder tenga empatía con lo que la gente piensa y siente. Cuando alguno dice que todo va bien y que vamos por buen camino, contrario al sentir popular a la vivencia cotidiana de la gente, pierde el liderazgo y se incrementa la pérdida de credibilidad. Se necesita superar la crisis de credibilidad que hoy tienen las/os políticas/os y sus partidos. Las minorías bien organizadas han demostrado en las urnas su poder para quitar y poner gobernantes. En todo caso, debemos buscar líderes (y lideresas) que satisfagan las expectativas ciudadanas.

En general, los liderazgos se construyen en las coyunturas cotidianas, así lo establece Ricardo Homs en su libro Marketing para el liderazgo político y social. Es en los momentos específicos que enfrenta una comunidad en los que se desarrollan las capacidades y potencialidades que son inherentes a quienes ejercen un liderazgo, que entienden la problemática, la clarifican y deciden la mejor alternativa. Hoy necesitamos que se ocupen los espacios vacíos que otras/os dejarán a su salida. A un líder (o lideresa) lo habremos de identificar por sus capacidades comunicativas y su capacidad de persuasión.

Necesitamos un líder con carisma, con empatía hacia nuestras circunstancias y nuestra necesidad de cambiar, una persona que al verla podamos reconocerla porque nos identificamos con sus palabras. Debe demostrar espíritu de servicio al prójimo, que sepamos que tiene la capacidad de guiar los esfuerzos colectivos para resolver, para enfrentar, los problemas que nos aquejan; que es independiente y puede hacer visible su presencia. Necesitamos alguien que se crezca en la adversidad, de mentalidad abierta y flexible, para que nos transmita capacidad de adaptarnos a muy diversas situaciones y cuya visión de largo plazo permita construir un futuro incluyente para todas/os.

Un líder político que asuma responsabilidades y adquiera compromisos, que nos contagie su optimismo, que podamos reconocer su generosidad. Debe tener una gran fortaleza, para enfrentar sus temores, sus debilidades y, sin duda, las nuestras, que nos transmita ilusiones y entienda las frustraciones que pueden generar los fracasos que se presenten en el camino. Un líder (o lideresa) que sea capaz de negociar, de adaptarse, de analizar. Un buen comunicador para convencernos de simplificar los problemas planteados y encontrar la mejor alternativa.

Así pues, el liderazgo político consiste en tener un proyecto, conectarlo con el sentimiento, la voluntad, la aspiración y el interés colectivo. Si usted amigo/a lector/a conoce a alguien así no dude en comunicarlo, en promoverlo. Manténgase atento a liderazgos que le propongan personas a su alrededor y deles seguimiento. Permanezca atenta/o a lo que dicen, lo que hacen. Tal vez ese líder carismático sea usted, o sea su vecina/o, o convive frecuentemente en los círculos donde se desenvuelve. También podría ser que descubramos a personas capaces y merecedoras de ser promovidas, porque esta sociedad demanda y exige líderes (y lideresas), muchas/os de ellas/os los he visto en la en la sociedad civil y hay muchos más que están expectantes.

*El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM. Y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

Twitter @juancarlosMX17

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