Inicio Opinión EDITORIAL (10-04-2019)

EDITORIAL (10-04-2019)

374
Compartir

Los alcaldes que entraron en funciones el pasado primero de enero cumplen hoy sus primeros cien días de gobierno, y con ello se deberá acatar la formalidad para que rindan cuentas de las acciones, obras, programas y estrategias desarrollados en el arranque de sus administraciones. En un parpadeo se han completado 100 días de los 1096 días que durará su mandato municipal.

Como parte de su obligación legal, hasta ahora los presidentes municipales han aprobado su plan de desarrollo municipal y han propiciado la elección de las autoridades auxiliares. Han expedido su bando de policía y buen gobierno y han avalado ya el diseño de su presupuesto anual y su programa de obra pública.

Como ocurre con el comienzo de cada trienio, los alcaldes entrantes han dado cuenta del desastre financiero heredado por sus antecesores, particularmente en aquellos municipios en donde hubo alternancia electoral. En golpes mediáticos, a manera de reflejo, los nuevos ayuntamientos han denunciado públicamente desfalcos, pasivos impagables, nóminas inexplicables llenas de aviadores, obras inconclusas y laudos laborales insostenibles.

Lo cierto es que, muy probablemente los lamentos municipales quedarán como un testimonio de la omisión, la impunidad y la corrupción del Estado de México, en donde los nuevos alcaldes no tienen facultades para castigar las inconsistencias administrativas; y en las oficinas auditoras todo queda en el olvido, el silencio y la imposibilidad de encarcelar a las élites políticas.

En los primeros 100 días, los alcaldes con mayor experiencia política -sin importar su filiación partidista-, han mostrado su destreza para planear e iniciar sus tareas de gobierno. Han centrado esfuerzos en resolver lo contable, lo legal y han delineado a futuro el municipio que pretenden construir en el breve espacio de tres años. Algunos, en la corta carrera, ya definen desde ahora que tres años serán insuficientes, y en su imaginario también piensan en reelegirse.

En la acera de enfrente, los ediles sin experiencia en la administración pública -otra vez sin importar su militancia- exhiben de cuerpo entero su incapacidad para atender lo funcional y operativo de sus municipios. La curva de aprendizaje será un trance complejo para quienes se encontraron con el triunfo electoral producto de coyunturas políticas. De manera anticipada, un puñado de ediles ya han causado una decepción para sus electores ante la imposibilidad de resolver sus problemas, o bien, de cumplir las altas expectativas creadas.

A partir del día 101, los alcaldes en funciones ya no tendrán como único pretexto de su quehacer la horrenda herencia de sus antecesores. Es a partir de este momento que comienza el desgaste del ejercicio del poder. El capital político se pone en riesgo por incumplimiento. Atrás quedaron las campañas, por delante están las promesas y las exigencias sociales en el ámbito de gobierno más cercano a la gente. Las connotaciones políticas serán imprescindibles.

En los municipios, Morena, el gran ganador de la elección, tiene las condiciones necesarias para acrecentar su base social, con el respaldo absoluto del gobierno federal. En paralelo, la gobernabilidad de Alfredo Del Mazo se pondrá a prueba con alcaldes que tendrán mayor capital político, y en determinados casos, hasta mejores condiciones para financiar sus gobiernos locales.

Ahora las limitaciones podrán atribuirse a las capacidades personales de los alcaldes, y a las condiciones financieras, sociales, geográficas y políticas del municipio, pero ahora ya no son oposición, son la clase gobernante resuelta a encontrar soluciones, o de lo contrario convertirse en lo que tanto criticaron.

Comentarios

comentarios