Inicio Opinión EDITORIAL (04-09-2017)

EDITORIAL (04-09-2017)

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Eruviel Ávila Villegas rendirá esta semana su sexto y último informe de gobierno, en medio de promesas de campaña pulverizadas, y de un balance demoledor, por un estado lacerado por una irrefrenable violencia, una pobreza insuperable, una economía estancada.

En julio de 2011, Eruviel se convertiría en el gobernador más votado de la historia con poco más de 3 millones de sufragios, sin embargo, el estado de grandeza que prometió en campaña no ha alcanzado las expectativas sociales. Muestra de ello, son el millón de votos perdido por el PRI en la más reciente elección de gobernador, que apenas dio una reducida victoria de 200 mil votos.

Ávila se caracterizó por un ejercicio del poder que se ajustara a sus intereses personales, para crear o desaparecer secretarías que le permitieran el acomodo de su grupo político. Creó la secretaría de seguridad para cumplir una promesa de campaña y más tarde la eliminó. Fusionó las secretarías de comunicaciones y obra pública para empoderar a Erasto Martínez como titular de Infraestructura. Más tarde, le hizo otro traje a la medida: jefe de oficina del gobernador.

Eruviel y Peña Nieto. Foto archivo.Eruviel debió luchar con los fantasmas de corrupción de sus antecesores, donde la constructora española OHL y el Grupo Higa han sido señalados de favoritismos y conflictos de interés por los últimos tres sexenios para construir los más importantes y costosos proyectos de infraestructura. Y en ese lastre, se arrastraron a Gerardo Ruiz Esparza, Manuel Ortiz y Apolinar Mena.

También el gobierno eruvielista fue omiso para afrontar la matanza de 22 presuntos criminales en Tlatlaya, donde se acreditaron ejecuciones extrajudiciales de militares, pero donde la policía ministerial mexiquense fue negligente y cómplice ante la alteración en la escena del crimen.

A pesar de que Eruviel insiste en haber tocado y transformado vidas, según la propaganda que ya abunda su último informe de gobierno, la única trascendencia parece a favor de su grupo político. El ascenso al poder de su círculo más cercano resulta innegable: Cruz Roa, Raymundo Martínez, Erasto Martínez, Alfredo Torres, Carlos Aguilar y Brenda Alvarado, entre muchos más.

Aun cuando Eruviel recibió el arropo de Peña Nieto, para desarrollar aquí los principales proyectos de infraestructura como el Aeropuerto Internacional de Texcoco, el Tren México – Toluca y la autopista Lerma – La Marquesa, las necesidades más inmediatas de la población no son atendidas.

Aquí, prevalecen el desempleo, la pobreza alimentaria, la deserción escolar, los homicidios dolosos, las violaciones y los secuestros. Eruviel no pudo siquiera eliminar la tenencia vehicular, principal promesa de campaña, cuyo impuesto sólo subsidió con dinero público durante sus seis años en el poder.

En la realidad que enfrentan los mexiquenses, se ha exhibido un sistema de salud desahuciado sin médicos ni medicamentos suficientes, un transporte público obsoleto, inseguro y costoso, una insufrible y tortuosa procuración de justicia, y una política social que roza el populismo que atribuyen a la izquierda.

En general, las promesas y expectativas de campaña establecidas por Eruviel Ávila han sido incumplidas e insatisfechas. Eruviel concluirá un cargo por primera ocasión en su vida política, luego de haber sido diputado local y alcalde, dos veces, y haber perdido también una diputación federal.

No obstante, Eruviel ya ha comenzado a soñar en una nueva campaña electoral, pensando en que su partido le otorgue una nueva oportunidad.

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