Inicio Opinión EDITORIAL (02-07-2018)

EDITORIAL (02-07-2018)

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Con una copiosa participación electoral que rondó el 67 por ciento de votantes, Morena hizo colapsar al régimen político y muy en particular al Estado de México, el último bastión electoral del priísmo, para contribuir de paso a la contundente victoria del candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador.

Aquí, hace seis años se forjó el regreso del PRI a Palacio Nacional, a través de una candidatura telegénica simbolizada por Enrique Peña Nieto, cuya desaprobación popular de su mandato presidencial –ensimismado por una marca de corrupción- incidió para que el Estado de México se convirtiera ahora en el síntoma del despeñadero del partido en el poder.

Doce meses atrás, el régimen político sufrió los estertores de una muerte anunciada, cuando pese a una elección desigual a favor del candidato oficial, el priísmo debió conformarse con la segunda posición; y conllevó al triunfo electoral la suma de votos de sus aliados electorales. Desde entonces, Alfredo del Mazo entendió que su mayor desafío estaba por delante, y ayer tropezó lastimosamente en una afrenta electoral que le dificultará la gobernabilidad de su mandato en la primera mitad de su sexenio.

Los números preliminares le dan al priísmo una enorme complejidad, con apenas veinte municipios y menos de quince diputados locales. Del Mazo deberá mostrar su capacidad ante el mayor clivaje político en la historia del Estado de México.

Sin embargo, no todos los desafíos partirán desde la toma de decisiones delmacista, quien como ningún gobernador afrontará un equilibrio de poderes, de pesos y contrapesos, ante la maquinaria morenista que se instalará a partir del mes de septiembre en una aplastante mayoría legislativa.

Los alcaldes y legisladores locales que asumirán sus cargos en los próximos meses, abanderados por Morena, han asumido enormes expectativas creadas por López Obrador, que deberán concitar entre lo deseable y lo posible para aprovechar su amplio capital político con el que ayer ganaron la elección.

En paralelo, los panistas y perredistas podrían convertirse en la bisagra que otorgue gobernabilidad a la administración delmacista, a través del puñado de alcaldes y diputados locales que también buscarán abrirse paso entre la opresora mayoría morenista, que se apoderará de los ayuntamientos y la legislatura local.

Alfredo del Mazo, al igual que sus antecesores Arturo Montiel y Enrique Peña, deberá convivir por el resto de su sexenio con una figura presidencial opositora; y desde el Estado de México buscar la refundación o reconstrucción de un priísmo en ruinas, y con el mayor padrón electoral del país, de nueva cuenta acariciar el sueño atlacomulquense por instalarse algún día de regreso en Los Pinos.

Hace treinta años, en una de las elecciones presidenciales más controversiales el sistema se cayó, lo que arrojó un cuestionado triunfo a favor del priísta Carlos Salinas de Gortari sobre el candidato de la izquierda, Cuauhtémoc Cárdenas.

Ayer, los resultados electorales se decantaron a favor del mayor líder opositor de la izquierda de las últimas dos décadas, Andrés Manuel López Obrador, y tras su asfixiante victoria, todo apunta a que el sistema por fin cayó.

 

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