Francisco Ledesma / ¿Y si Andrés Manuel López Obrador hubiera ganado en el 2006?
La narrativa de la 4T concentra una gran dosis de heroísmo cuando evoca la derrota electoral del 2006, a partir de construir el entramado de un fraude electoral instrumentado por la Mafia del Poder, pero cabe hacer una reflexión sobre qué tan distinto hubiera sido si Andrés Manuel López Obrador hubiera alcanzado el triunfo en los comicios de hace dos décadas, y no en la elección de 2018.
En primer lugar, López Obrador no habría obtenido la mayoría calificada en ninguna las cámaras del Congreso de la Unión. Habría estado obligado a negociar cualquier intento de reforma legal o de proyecto presupuestal con una Legislatura Federal, ampliamente dividida, derivado de una elección altamente polarizada, donde los senadores y diputados federales panistas habrían impuesto un bloque opositor que se hubiera convertido en un verdadero contrapeso.
Un segundo elemento, el tabasqueño no era un liderazgo absoluto al interior del PRD, donde había una predominancia de “tribus” que le habrían exigido un gobierno de equilibrios, no sólo en los cargos públicos, sino también en el ejercicio del poder político; encabezados por los Chuchos (Jesús Ortega y Jesús Zambrano), lo que hubiera conllevado a un poder mesurado en su operación.
Y sí, también le hubiera tocado asumir la Presidencia de la República, con una oposición de mayor articulación política: Santiago Creel como líder senatorial de un panismo doctrinario; Enrique Peña Nieto como el gobernador priísta que emergía desde el Estado de México; y hasta en su propio partido, con la figura de Marcelo Ebrard, en la jefatura de gobierno del todavía Distrito Federal.
Desde lo social, Andrés Manuel no habría tenido la imperiosa necesidad de legitimarse en el ejercicio del poder, y por tanto, no hubiera existido declaratoria de guerra contra el narcotráfico. Aunque, visto el desempeño de su gobierno, no podemos asegurar que no se hubiera apoyado del Ejército Mexicano en tareas de seguridad nacional, y otras tareas estratégicas del estado nación.
No hubiera visto la necesidad de formar su propio partido político, porque el objetivo de ganar la Presidencia de la República se hubiese cumplido; pero tampoco hubiera tenido la capacidad de acumular tanto poder como lo hizo con la fuerza electoral que le otorgaron los votos de 2018.
Sin duda, la posibilidad de entregar la banda presidencial a alguien de su mismo partido político hubiera sido sumamente difícil, porque se trataba de un país profundamente polarizado, pero sobre todo con una alta competencia electoral, y sin la política social que pudo implementar a partir de su mandato.
Ahí, en tiempos sucesorios, las “tribus” perredistas también habrían construido una balanza difícil de sortear al momento de repartir las candidaturas. Ni por asomo, hubieran existido las corcholatas que sólo respondían al liderazgo moral del lopezobradorismo. La competencia interna hubiera sido un campo hostil.
Y quizá el PAN y el PRI, no hubieran tenido la necesidad de coaligarse, con la consecuencia de haberse desdibujado en el terreno ideológico y en el electoral, dejando a una oposición obcecada e incapaz de reivindicar sus bastiones.
El hubiera no existe. Pero quizá, de haber conseguido la victoria electoral del 2006, el proyecto de gobierno de López Obrador no hubiera tenido las condiciones ni los incentivos para implementar las bases de lo que se ha llamado “transformación” durante los últimos ocho años.
Pero ahora que se ha reavivado la narrativa del fraude electoral, cabe una reflexión de lo que hubiese sido un eventual mandato, con una división de poderes más competida, más dividida y de mayores equilibrios en el poder político.
La tenebra
Y sí, quizá existirían los órganos autónomos, aunque tampoco habría garantía de que un mexiquense hubiera llegado a Los Pinos.
