Francisco Ledesma / La pelea por el segundo lugar
Lo que está en juego en la contienda electoral de 2027, es ver quien se queda con el segundo lugar de votantes, porque se da por descontado que Morena se refrendará como la primera fuerza política del Estado de México, condición que ha logrado desde hace una década, en los comicios de 2017.
Hace diez años, Morena se presentó por primera vez a una elección por la gubernatura. Quedó en primer lugar, aunque su candidata Delfina Gómez fue derrotada por Alfredo Del Mazo, quien ganó por los votos de los aliados del priísmo, en aquella elección el PVEM, Nueva Alianza y hasta el PES.
Desde entonces, Morena se ha reivindicado como el partido más votado: en las elecciones presidenciales de 2018 y 2024; en las intermedias de 2021, y en las de gobernadora de 2023. A pesar del desgaste de poder de los últimos ocho años, la competencia de los demás partidos políticos -incluidos sus aliados- está por hacerse del mayor número de votos, municipios y distritos electorales.
En las últimas semanas, hemos visto que ha surgido el debate sobre quién es la segunda fuerza política del estado: el PRI argumenta ser el segundo partido más votado con 1.4 millones de sufragios; el PVEM asume esa posición con sus 19 ayuntamientos gobernados en el estado; y el PAN, lo hace -sin argumentos- pero con la necesidad de fortalecer cualquier posible alianza electoral.
La apuesta electoral aparece con algunas variantes, a la que se suma Movimiento Ciudadano, como la tercera vía frente a la decepción de los electores.
En 2024, el PRI alcanzó en medio centenar de municipios mexiquenses quedar en segundo lugar, y en algunos casos con un margen de derrota de un dígito. Es ahí, donde concentrará sus esfuerzos para recuperar municipios y salir del estado de coma en que se encuentra desde los comicios de 2018.
El PVEM ha sido el partido político con mayor crecimiento detrás de Morena, durante los últimos seis años. El objetivo será mantener esa inercia, aprovechando el desgaste de poder de algunos gobiernos morenistas, y el reclutamiento de expriístas -sobre todo exalcaldes- para ganar en las urnas.
Del PAN se entiende muy poco cuál pueda ser su estrategia. Enrique Vargas tiene secuestradas las decisiones del partido. Presume la ascendencia política en Huixquilucan, Metepec y Atizapán de Zaragoza; pero salvo el primero, ninguno de los otros dos municipios podría sentirse garantizados del triunfo electoral.
Movimiento Ciudadano se presenta como la tercera vía. Con electores cansados y decepcionados del prianismo y del morenismo, el partido naranja podría tener un crecimiento electoral que apuesta a las campañas de aire y de agua; aunque su presencia territorial resulta muy precaria sobre todo en zonas rurales.
Bajo ese panorama, Morena podría ir a un día de campo, para reivindicar triunfos electorales donde difícilmente la oposición pondrá resistencia, porque finalmente, los esfuerzos estarán concentrados en donde existen posibilidades de triunfo, y esas cada vez se ven más reducidas por falta de recursos económicos, por la ausencia de cuadros políticos y porque las dirigencias partidistas también arrastran a sus candidaturas a una derrota anunciada.
Y la disputa electoral está en ver quién se queda con el segundo lugar, pensando en la siguiente elección.
El PRI pretende asumirse como el único partido capaz de competirle a Morena la gubernatura en el 2029.
El PVEM podría tener una inmejorable carta de negociación para sumarse a Morena en el 2029, pero exigir una candidatura al senado en el 2030.
El PAN pelea por tener una candidatura testimonial en la figura del senador de primera minoría para la próxima elección por la gubernatura.
Mientras que Movimiento Ciudadano cocina una candidatura emergente que pueda resultar explosiva como en Jalisco y Nuevo León.
La tenebra
La pregunta sigue siendo la misma: ¿a poco necesitamos tantos partidos políticos si la clase gobernante solamente se recicla?
