Francisco Ledesma / El balance de tres años de glosa
En tres informes de gobierno, se han agendado 15 comparecencias de igual número de secretarios del gabinete estatal. A la mitad del sexenio de la transformación, del clivaje del régimen político, queda la sensación de que existe una imperiosa necesidad por redimensionar el modelo de rendición de cuentas, que permita tener un diálogo más abierto, una mayor reflexión por parte de los legisladores y respuestas a las interpelaciones, las críticas y las interrogantes.
Por ahora, existen algunos puntos concluyentes: dos funcionarios han asistido los tres años de gestión. Se trata de Horacio Duarte -tres años en el cargo- y Cristóbal Castañeda -dos años y nueve meses en funciones-. Óscar Flores suma dos intervenciones, porque llegó al gobierno en noviembre de 2024.
Hay otro denominador común: siempre han asistido los titulares de las Secretarías General de Gobierno, de Seguridad y de Finanzas. Y en lo que parece un acto de cortesía política, se ha buscado equilibrar la paridad de género. Tres hombres y dos mujeres, en cada año que se realiza la glosa del informe.
El hecho de que tres áreas hayan repetido durante los tres años de gobierno ha derivado en una réplica de intervenciones. Se apilan las cifras sobre programas sociales y combate a la pobreza como el principal aporte del sexenio. Además, de una estrategia de seguridad que pretende reivindicar el ejercicio del poder a partir de las cifras que dibujan un avance, aunque ligero. Por último, recalcar las finanzas sanas de un gobierno que ha decidido no endeudarse.
En consecuencia, la participación de los diputados y diputadas también ha resultado una calca, año tras año, sobre los mismos problemas, desde las bancadas opositoras de quienes cuestionan y critican; frente a quienes reivindican y legitiman la acción de gobierno, por pertenecer al oficialismo.
Las comparecencias son un acto que tampoco concitan el interés público. Revisando las redes sociales, se puede identificar que, de las cinco comparecencias recientes, la de Horacio Duarte registra mil 600 vistas; Hilda Salazar, dos mil vistas; María Esther Rodríguez, mil 100 reproducciones; Cristóbal Castañeda, mil 400 vistas; Óscar Flores, mil reproducciones. En su conjunto, apenas rebasan los 7 mil usuarios que los siguieron; una cifra que contrasta ante más de 18 millones de mexiquenses.
No se trata de un asunto de partidos políticos ni de su clase gobernante. De fondo, lo que no funciona es el diseño institucional de esta rendición de cuentas, porque el informe de gobierno -en su origen- tuvo como basamento el tributo a la personalidad. Y aunque hoy el boato se ha desdibujado, no termina por consolidar un esquema de debate o deliberación. Hay monólogos aislados, entre funcionarios públicos que utilizan la tribuna pensando en el futuro personal; brotan los legisladores que pretenden mostrar su destreza en tribuna como atributo suficiente de próximas aspiraciones electorales; y en el colmo de males, también hay -de ambos bandos- quienes salen exhibidos por su impericia.
Estamos frente a la rendición de cuentas del mandato de Delfina Gómez. Es decir, quienes ahí leen cifras, datos, posturas políticas, no hablan a título personal. No se evalúa -en esencia- su desempeño personal. Esa calificación vendrá bajo otros criterios, en el escritorio de quien toma decisiones y asumirá definiciones de posibles ajustes, pero con múltiples consideraciones: componendas de poder, tiempos electorales, intereses de grupo, y en última instancia de los resultados personales al frente de cada despacho.
La glosa del informe sirve para que, un minúsculo grupo de personas, nos enteremos a mayor detalle, de las acciones, estrategias, programas y obras de cada año de gobierno, sobre lo que determinadas áreas del gabinete estatal desarrollan en lo específico.
Sin embargo, esto pasa desapercibido para grandes sectores de la población, ya sea por el desánimo, el desinterés o el desprecio hacia la clase política y sus instituciones, sin distingo de ideología partidista.
Y en el resultado final, sólo sirve para alimentar la crónica parlamentaria como género periodístico. Porque de rendiciones de cuentas, se cuenta muy poco.
