Francisco Ledesma / El abandono del sur mexiquense
La presentación del segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum podría dejar, muy por debajo de las expectativas, el desarrollo de infraestructura para el Estado de México más allá de las fronteras de la denominada zona oriente de la entidad. Un plan que ha dejado la sensación recurrente de tener una intencionalidad electorera para la región mayormente poblada, no solamente para el territorio estatal sino para el país entero.
La narrativa de abandono, bajo la cual se concentra el Plan de la Zona Oriente, pierde de vista la situación por la que atraviesa la región sur del Estado de México, en el que no solamente se mantienen las mismas carencias de obra pública que se advierten en el oriente, como justificación gubernamental.
Además, no existen las condiciones de desarrollo de vivienda, empleabilidad, educación superior, movilidad, transporte público, que a diferencia de la región oriente pueden ser resueltas por su proximidad física con la capital del país. En el sur mexiquense, los accidentes geográficos y las distancias, se vuelven un problema estructural que los gobiernos de todos los partidos políticos no han volteado a ver, desde muchísimos años, con un escenario desolador constante.
Basta con revisar los actos de proselitismo que registraron las campañas de las entonces candidatas Delfina Gómez -en su camino hacia la gubernatura en 2023-, y de Claudia Sheinbaum -en su tramo hacia la presidencia del país-, para comprender que sólo marcaron su presencia como un requisito testimonial, pero no estuvo ni por asomo en la agenda de prioridades del recorrido electoral.
El sur del Estado de México, fue desde el régimen priísta, una región que no formaba parte de la atención del gobierno. Otro aspecto que así lo exhibe, puede otorgarlo, una breve revisión de la clase política que ha formado parte de los tomadores de decisiones, y se podrá observar la participación marginal de sureños como titulares en las Secretarías del gabinete mexiquense.
Las giras de trabajo de los últimos cuatro sexenios podrían advertir que los gobernadores en turno, no tenían en su agenda el recorrer el sur del Estado de México, ya fuese por la distancia con respecto de la capital de la entidad, su accidentada geografía, su población dispersa en una gran extensión territorial, o incluso, en el peor escenario, por las condiciones de inseguridad que prevalecen en el imaginario colectivo, hoy asediadas por una rampante extorsión para productores, emprendedores, negocios, y la población en general.
Los gobiernos priístas abonaron a una sensación de marginalidad para quienes habitan el sur mexiquense, cada vez más despoblado, por la intensa migración al centro del estado, o incluso, hacia Estados Unidos, en búsqueda de mejores condiciones de vida, ante las deficiencias de desarrollo de la región.
Sin embargo, para el actual sexenio -tanto federal como estatal-, no existen expectativas de una leve mejoría en el corto plazo. No hay proyectos de infraestructura que hagan suponer que existe la intencionalidad gubernamental, la voluntad política, o de menos, el propósito electoral, por convertir a la región sur, en una agenda prioritaria que permita convertirla en un polo de desarrollo para la inversión pública o privada.
Habrá que esperar, si para las actividades proselitistas del 2029 o 2030, algún candidato o partido político, tiene una preocupación genuina que vaya más allá de la prioridad electoral que representan las regiones de siempre: el centro del estado -Toluca incluida, como núcleo político-; el Valle de México por su robustez y proximidad con la capital del país; y la región oriente, como semillero de votos para los gobernantes.
