Francisco Ledesma / La opacidad de la democracia interna
La transparencia y rendición de cuentas de los partidos políticos debería ser una exigencia que permita tener claridad de su democracia interna. En contraparte, la opacidad de los partidos políticos, enarbolada por sus dirigencias y élites burocráticas, reflejan su proclividad por la toma de decisiones cupulares para detentar una toma de decisiones a favor de los “mismos de siempre”.
Sin distinción ideológica, las principales fuerzas partidistas hoy lanzan una narrativa que se concentra en una democracia interna que pugna por la unidad, de puertas abiertas a la ciudadanía para elegir a los mejor posicionados, los mejor evaluados, los más reconocidos, aunque no necesariamente los mejor preparados y de mejor trayectoria, y con una profunda desconfianza sobre procesos sujetos a la discrecionalidad de quienes dirigen los partidos políticos.
Por ejemplo, en Morena, el partido mayoritario en el espectro electoral, se ha propagado en los últimos años, que la designación de sus candidaturas se basa en la realización de encuestas a nivel nacional, estatal, distrital o municipal.
Más allá de dar a conocer a los ganadores de sus encuestas, a lo largo de los últimos siete años, nunca se ha logrado conocer la metodología de las encuestas, las fechas y lugares de elaboración, y ha dejado una incertidumbre en sus postulaciones, el reproche de quienes no han resultado favorecidos, y una sensación de que la selección es producto de componendas políticas entre las tribus que pregonan no existen en este perredismo renovado.
En el PRI, recientemente se emitió una convocatoria de los llamados Defensores del Edomex. Se habla del registro de mil 400 personas -lo que reanimó a las fuerzas vivas del otrora partidazo-, quienes tienen aspiraciones en los cargos de elección del 2027. No obstante, a la fecha no existe un listado que permita revisar a su militancia de quiénes se trata, conocer su trayectoria, su ascendencia política, y para qué encargo se inscribieron, cuando la convocatoria especificaba municipios, distritos locales o federales. Y por tanto, priva la opacidad de un proceso interno que es la antesala de sus precampañas.
Desde el PAN, las cosas no pintan de manera muy diferente. El pasado 20 de julio, concluyeron los registros de 12 municipios prioritarios para ser defensores de la patria y la familia. A la fecha, se desconoce cuántos aspirantes se inscribieron por municipio. Sólo hay versiones extraoficiales de candidaturas únicas en Huixquilucan, Metepec y Atizapán de Zaragoza. Mientras que en Naucalpan, con siete registros en lista, se ha generado una ruptura interna, entre quienes posiblemente ya se sienten derrotados prematuramente.
El denominador común: la cerrazón de un proceso interno que exigiría transparencia en una democracia partidista que sea premisa hacia las elecciones locales, donde pretenden recuperar la confianza de su militancia y el votante.
En el resto de los partidos políticos, los procesos internos pasan por el mismo tamiz. Una dirigencia partidista que detenta el control en la selección de sus candidaturas, que se advierte realizan encuestas, evaluaciones y consideraciones desde el ámbito político y electoral, pero que nunca se dan a conocer para darle certeza a sus simpatizantes. Las postulaciones recaen a favor de una clase gobernante que acarrea un desgaste político irrefrenable.
La vida interna de los partidos políticos se encuentra sujeta a esa componenda de poder, donde las élites políticas imponen sus intereses y sus circunstancias.
Quizá por la incapacidad de imponer la democracia interna, también se resisten a cumplir con las reglas electorales que exige la democracia constitucional.
La tenebra
Ahora que ya estrenaron museo, los “sin clásico” podrían exhibir el cheque con el que pagaron la famosa “multa” por no descender. Porque hasta en eso también son únicos.
