El Manual de Maquiavelo 10-04-2026

Francisco Ledesma / Un gabinete en aprendizaje

Los ajustes al gabinete -en cualquier ejercicio del poder público sin distingo de partidos políticos- a veces parecen tardíos, y otras más resultan insuficientes. La salida de Macarena Montoya de la Secretaría de Salud ha resultado una válvula de escape para expresar descontento, insatisfacción, rechazo, desaprobación hacia otros funcionarios del círculo cercano delfinista.

En casi tres años de mandato; hay dos aspectos que saltan a la vista en el gabinete delfinista: el empoderamiento del Grupo Texcoco y la ascendencia política del magisterio estatal. Dichas acciones denotan la ruta política de Delfina Gómez, quien tuvo un ascenso vertiginoso de apenas once años para convertirse en gobernadora del estado más poblado y complejo del país.

Las pinceladas en el ejercicio de gobierno de Delfina Gómez advierten que, asume decisiones como si fuese la directora del plantel educativo que le permitió ganarse el afecto de los texcocanos; o bien, recluta funcionarios como si gobernara Texcoco, con una curva de aprendizaje de alto costo político.

Hoy, el sistema de salud tiene un diagnóstico de enfermedad crónica, ya sea por el desabasto de medicamentos, la falta de médicos especialistas o la prevalencia de hospitales inconclusos que se mantienen como promesa indefinida. Mientras el sistema educativo -que debería ser ejemplo académico bajo la conducción de una maestra de carrera-, hoy se ha vuelto en un referente de corrupción que ha supurado desde su estructura interna.

La Secretaría del Trabajo se ha vuelto trinchera de un aliado electoral, por encima de la defensa de los derechos laborales en un gobierno que presumía ser progresista. La Seguridad no se ha confiado a los mexiquenses: primero un tabasqueño bajo la sombra de Audomaro Martínez; y en un segundo instante, un militar exportado desde Culiacán-azo, para pintar la estrategia de verde olivo.

A propósito de los foráneos, en la Secretaría de Finanzas también han transitado dos funcionarios externos al Edomex; quizá porque la gobernadora no confía en depositar el poder presupuestal a las tribus morenistas, esas que aplicaron el descuento del diezmo cuando despachaba en Texcoco.

La igualdad sustantiva de las mujeres hoy se ha convertido en una acuarela de talleres para el empoderamiento femenino, porque se prefiere voltear a un lado distinto cuando lacera la violencia, y las desigualdades prevalecen.

Las Secretarías del Agua y de Desarrollo Urbano se han desdibujado del espectro político. Pocos podrían nombrar a sus titulares. Difícilmente alguien podría contar con los dedos de una mano acciones, obras o programas relevantes que se puedan relacionar con esas carteras de gobierno en el sexenio delfinista.

La Oficialía Mayor no ha mejorado un ápice la atención a los derechohabientes del Issemym; el mismo sistema de seguridad social del que, la entonces candidata a gobernadora se quejaba lastimosamente por su mal servicio, y que ella alguna vez utilizó, cuando se desempeñaba como maestra de primaria.

En este cambio de régimen, la Secretaría de la Contraloría ha sido sólo receptora de declaraciones patrimoniales que parecen una simulación constante. Y hacia el pasado: borrón y olvido. La desmemoria como política pública garante de la impunidad. No han caído siquiera “charalitos” de los sexenios pasados. Por el contrario, los han adoptado para perdonarles sus pecados de avaricia.

Y cuando en la evaluación particular de las Secretarías del gabinete prácticamente todos salen reprobados; se puede comenzar a dudar sobre esas encuestas que ponen una aprobación tan alta a quien conduce la orquesta que no ha estado a la altura de dar la nota que exige el Estado de México.

No se trata de buscar pretextos en la base de que tres años son insuficientes para revertir la herencia priísta; se trata de entender que, hoy, no todos los funcionarios del gabinete estatal tienen el perfil, la preparación o la condición para asumir una toma de decisiones en una administración que se propuso un cambio de régimen y una alternancia política.

Y eso, es un primer acto de corrupción.

La tenebra

Hay muchos morenistas, otros más expriístas, expanistas y experredistas que le invirtieron dinero, esfuerzo, capital político y tiempo a la campaña delfinista, y siguen esperando su turno de sumarse al gabinete. Ese desgaste también resta.