Toluca, Edomex; 18 de diciembre de 2025.- A dos años y tres meses de haber asumido el cargo de gobernadora, Delfina Gómez ha ejecutado cinco ajustes de primer nivel en el gabinete estatal. Una cifra menor, cuando ya ha transcurrido un tercio de su mandato. Otra veintena de ajustes se ha dado en mandos medios y superiores, con menor relevancia política, pero con un denominador común: un equipo de trabajo que se mantiene estable y donde impera el respeto a las componendas políticas del pasado: las cuotas y los cuates, por delante.
Apenas en septiembre pasado, la mandataria en funciones, advertía que nadie en su gabinete estaba con el cargo asegurado. Todavía en su informe de gobierno sostenía que todos los funcionarios serían sometidos a una evaluación, ante posibles cambios en su equipo más cercano. A la distancia, los cinco ajustes que ha realizado Delfina Gómez han obedecido a pugnas internas, intrigas palaciegas y desgaste en el poder; pero no necesariamente a un mal desempeño. Si ese fuera el rasero, muchos otros quizá, ya hubieran entregado su renuncia desde hace meses.
Andrés Andrade, Paulina Moreno, Pedro Moctezuma y Trinidad Franco han sido las piezas de las cuales ha prescindido la gobernadora estatal. Mientras Mónica Chávez cambió de oficina para mantenerse en el gabinete. Hay otras secretarías que, en el papel, han estado por debajo de las expectativas generadas con la alternancia política; y en muchas áreas, la curva de aprendizaje resulta interminable. Sin embargo, se mantienen en su encargo sin preocupaciones.
Aunque parece un tiempo muy anticipado, las elecciones de 2027 podrían ser el escenario donde mayores ajustes pueda ejecutar Delfina Gómez en su gobierno. La razón resulta simple: el interés político de integrantes de su gabinete para contender por ser alcalde/sa o diputado/a (federal o local) a la mitad del sexenio. Y apegados al manual del pasado priísta, desde ahí, construir escenarios aún más futuristas hacia la sucesión por la gubernatura en 2029.
De tal manera que, para diciembre de 2026, la gobernadora tenga por delante el momento para ajustar el gabinete a sus necesidades y a sus intereses, por encima de las facturas políticas que tuvo que pagar hace más de dos años. Salta a la vista que en los últimos meses, las pugnas internas -entre las tribus morenistas- se han exacerbado, producto de diferendos y desencuentros. Ese podría ser momento para no sólo cambiar al gabinete, sino de asumir el liderazgo que permita apaciguar a quienes pretenden regatearle el mando del gobierno.
Este año ya se acabó. Las evaluaciones del gabinete -aparentemente fueron muy blandas-, porque a pesar de que hay áreas altamente cuestionadas, los ajustes nunca llegaron. El gabinete se mantuvo estable, por encima de las pugnas internas. Si debieran tenerse conclusiones iniciales, se podría asumir que no hay un gabinete unido, ni un equipo que respalde a la gobernadora. El mundo al revés: la gobernadora los llama al orden -en público y en privado-; y es ella, quien ha tenido que respaldar a más de un integrante, a pesar de todo.
