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El Manual de Maquiavelo

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Se acabó la guerra, aunque no lo parezca

Francisco Ledesma

 

Faltan 29 días de que concluya la segunda administración federal panista, encabezada ésta por Felipe Calderón, marcada en gran medida por la guerra contra el narcotráfico con saldos muy trágicos –que estiman 60 mil muertos, incluidos los llamados daños colaterales-. Y aunque no se podrá borrar de un plumazo la estrategia de seguridad del próximo gobierno, en gran medida la percepción de desazón puede modificarse a partir de una sólida estrategia de comunicación política.

Es de considerar que viene consigo un cambio de partido, implicado con ello además, el regreso del PRI que gobernó durante 70 años el país, parece muy claro que la nueva administración tendrá como prioridad el asunto de la seguridad pública, que ha sido identificado como el principal problema para la población votante en julio pasado.

Sin embargo, aunque la realidad no puede ocultarse, ni modificarse, tampoco tergiversarse, claro está que el discurso cotidiano de Calderón –a lo largo de seis años-, en eventos públicos y reuniones privadas, era la bandera política de su guerra contra el narcotráfico, que luego no fue guerra sino lucha, para terminar en una mera estrategia contra el crimen organizado. Y con esos tumbos de nombre, también se dieron tumbos de gobierno, y de percepción. Hasta el robo de cadáveres.

Cuando la percepción social sensibilizó una cruenta violencia, y una matazón por diversos sitios del país, la estrategia de comunicación no se movió un ápice. Permaneció en la línea vigente, de que Calderón fue un presidente valiente que enfrentó al crimen. Pero en la conclusión social, también parece nítido que no hay resultados de fondo que hayan mermado su fuerza, por el contrario, su presencia, influencia, margen de acción se robusteció. Eso se percibe sin más en muchas ciudades.

El próximo gobierno tiene en su afán, modificar la estrategia, y que permanezcan aquellas acciones que hayan dado un funcionamiento de efectividad. Sin dudarlo, Enrique Peña puede comenzar en la mejora de cosas por priorizar su discurso sobre su agenda de gobierno, que incluya por ejemplo, reformas estructurales, combate a la pobreza, por encima de posicionar el tema de militarizar al Estado para salir adelante.

En la tarea de comunicar está el resultado de percibir. Cuando Calderón se obstinó en defender su acción policíaca, jugó incluso –cuando se trató de elecciones- con el voto del miedo. Acusó a los priístas de pactar con el narco, y al parredistas como Julio César Godoy de ser parte del crimen, sin que eso cambiará la idea de que la estrategia falló.

Los resultados a la vista. Un panismo relegado. Puesto en tercer lugar en los comicios. Y una nueva divisa política por delante. Retos aún en proceso de medición sobre la correlación de fuerzas.

A partir del 1 de diciembre, será necesario entonces, que el gobierno mande señales de que su estrategia es distinta. Que sus prioridades son otras, y que la consecución de objetivos en las materias que aborde, podría en consecuencia mejorar las condiciones de seguridad.

Desde el discurso entonces, la guerra comenzará un cese al fuego, y será el inicio del fin, aunque no lo parezca.

 

La tenebra

La reforma laboral está en discusión. Ha perdido condición de preferente, pero no por ello debe adquirir carácter de congelada. La promulgación del 90 por ciento de la minuta ya es posible, y avanzará con firmeza antes del 1 de diciembre.

 

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