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Toluca, Edomex. 28 de noviembre de 2017.- La tecnocracia no tiene militancia. Especialistas en la economía global muestran desdén hacia la política partidista. Ahí se ubica José Antonio Meade, que da lo mismo trabajar para un gobierno panista que votar por un priísta. De simpatizante a presidenciable. De mucho recorrido profesional pero escaso trecho electoral. El candidato salió de la cancillería -el subconsciente traicionó a Peña Nieto-, y Videgaray impuso a su compañero de aula y confidente de gabinete: José Antonio Meade.

Pero la tecnocracia nunca pierde. José Antonio González Anaya asume como nuevo secretario de Hacienda. Pepe Toño inició su carrera política en el gabinete económico salinista. En el sexenio calderonista, cuando José Antonio Meade era secretario de Hacienda, el avezado subsecretario de Ingresos era González Anaya. Ambos, Meade y González Anaya eran los interlocutores del calderonismo con la robusta bancada priísta de la legislatura federal. Ahora, investidos de priístas, serán la línea de confrontación de los panistas. Ver para creer.

El gobierno peñista nunca terminó por instalarse. La permanencia de tecnócratas que trabajaron con Felipe Calderón fue una apuesta de concertacesión, particularmente en áreas económicas. El modelo neoliberal se impone sobre las componendas políticas. Peña Nieto garantizó la prevalencia de la tecnocracia durante su gobierno; y ahora busca que un gobierno tecnócrata sea proclive a la permanencia del Grupo Atlacomulco para el siguiente sexenio. Ese es el verdadero Pacto por México.

Enrique Peña ha entrado a una curva descendente. Los tiempos de su decadencia lo han alcanzado. La “cargada” priísta es irrefrenable. Los sectores y organizaciones del priísmo ya se desviven por el nuevo liderazgo. Los tiempos jurásicos están más vivos que nunca. Ahí los mexiquenses más arcaicos del régimen: Armando Neyra y Abel Domínguez Rivero. Peña Nieto deberá ceder su espacio y su tiempo a su candidato. Meade ayer recorrió Los Pinos, Palacio Nacional, la CTM, la CNC, la CNOP y la sede priísta. Llegó su momento.

El 27 una fecha simbólica del peñismo. El 27 de noviembre de 2010, Enrique Peña y Angélica Rivera se casaron en la catedral de Toluca. Un año más tarde, el 27 de noviembre de 2011 se registró como precandidato del PRI a la Presidencia de la República. Seis años más tarde, Peña decide el 27 de noviembre de 2017 destapar a Meade como su candidato presidencial. Un 27 pero de marzo de 2011, Eruviel Ávila se registra como precandidato a gobernador. Un 27 pero de enero, de este mismo año, Alfredo del Mazo se registró como precandidato a la gubernatura.

Eruviel asegura que decidió no participar en la contienda priísta, y adelantó que apoyará a Pepe Meade. Lo cierto es que Ávila nunca estuvo en el horizonte presidencial, ni siquiera en el arropo del canciller Luis Videgaray que le ha garantizado su sobrevivencia de los últimos cinco años. Eruviel fue instruido para no participar, porque nunca estuvo en el horizonte de las especulaciones, de los rumores y de las expectativas electorales. Eruviel se queda fuera de competencia.

 

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