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Horacio Duarte. Foto Especial.

Toluca, Edomex. 12 de julio de 2018.- Pese al ocaso del peñismo, la clase gobernante del Estado de México asumirá un papel protagónico. Delfina Gómez y Horacio Duarte asumirán roles de alta responsabilidad en el gobierno de López Obrador. La primera logró ganar como senadora por el Estado de México. El segundo resultó electo como diputado federal. Ambos, asumirán sus cargos legislativos en septiembre próximo, pero tendrán lista su licencia para incorporarse al gabinete federal en diciembre entrante.

Delfina Gómez será coordinadora del gobierno federal en el Estado de México. Por el escritorio de la maestra de Texcoco pasará la ejecución de los programas sociales en territorio mexiquense. La intentona de Andrés Manuel es desaparecer las más de veinte delegaciones federales. La concentración de poder en una sola persona parece inconmensurable. Gómez Álvarez será de facto una vicegobernadora, que tendrá a su disposición apoyos económicos, alimentarios, escolares, de empleo temporal, capacitación, y otros tantos esquemas que pudiera poner en operación el gobierno lopezobradorista.

Horacio Duarte es uno de los hombres más cercanos a López Obrador desde hace tres sexenios. Formó parte de la comisión dictaminadora del desafuero de Andrés Manuel en San Lázaro en 2004. Dirigente estatal de Morena y representante del partido ante el INE. Duarte será incorporado a la subsecretaría de empleo y productividad laboral, dentro de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social que comandará Luisa María Alcalde. Su mayor desafío será incidir en la recuperación del salario mínimo en los primeros meses del gobierno lopezobradorista y poner el marcha el programa de apoyo a los jóvenes en materia laboral.

Nadie pierda de vista a Delfina y Duarte, que aunque aliados políticos, desde ahora tienen su mira puesta en el 2023, cuando se renueve la gubernatura del Estado de México. Morena apuesta a que el altísimo capital político alcanzado en la elección del pasado 1º de julio les alcance para los próximos cinco años.

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El convenio de coalición entre PAN y PRD para el Estado de México, mantenía una cláusula especial en la campaña por el Senado. Juan Zepeda iría en el primer lugar de la fórmula senatorial; y la panista Fernanda Rivera en la segunda posición. En caso de que el PAN obtuviera mayores votos que el PRD y ante la eventual senaduría por minoría, Zepeda renunciaría a ese espacio para dar cabida a Rivera. El perredista se quedaría con un escaño asegurado, al haber sido incorporado como senador de lista plurinominal del PRD nacional.

Los perredistas nunca imaginaron desfondarse. Pensaron que sostendrían el tercer lugar del año pasado, pero en las urnas se desmoronaron. La ecuación favoreció a la apuesta panista, quienes aportaron más de un millón de votos; frente a poco más de 400 mil sufragios perredistas. Ahora Zepeda se aferra a la senaduría de minoría e incumple con el acuerdo aliancista con el panismo.

La noche se le viene al PRD mexiquense. Ayer la dirigencia nacional del partido del sol azteca conformada por Manuel Granados y Ángel Ávila -cercanos a Miguel Ángel Mancera- reconocieron como coordinador de la bancada perredista en San Lázaro a Jesús Zambrano; y calificaron el madruguete del mexiquense Omar Ortega -ungido antier como coordinador- como una maniobra ilegal. La disputa por detentar el poder político, entre el ADN mexiquense y “Los Chuchos”, anticipa una rispidez controlar los escombros políticos, económicos e institucionales del PRD a nivel nacional.

 

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