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Toluca, Edomex. 11 de mayo de 2018.- ¡No´mbre unos genios! La desesperación priísta de una campaña presidencial que no levanta, ha obligado a José Antonio Meade a llevar a su oferta electoral un salario a amas de casa: una réplica del salario rosa que le alcanzó el año pasado para ganar a Alfredo del Mazo. La estrategia no es casualidad, los asesores de marketing político que acompañan a Meade, son los mismos que ayudaron a Del Mazo en su apretado triunfo en el Estado de México. Lo que no dimensionan es que las circunstancias son distintas, y en esta ocasión el salario a mujeres parece insuficiente para salvar a Meade del abismo.

Lo cierto es que en las estructuras electorales mexiquenses prevalece un sentimiento de promesa incumplida por el llamado Salario Rosa. Una tarjeta de campaña que se repartió por millones y millones de potenciales electoras, y que tan sólo en su primera etapa alcanzará para beneficiar a 100 mil mujeres. El efecto de la campaña electoral del salario rosa, es una amenaza por convertirse en un voto de castigo. Resulta impensable, que ante la imposibilidad de cumplir con millones de salarios rosa, ahora las estructuras priístas vayan con la misma promesa bajo el brazo, como parte de la campaña de Pepe Meade.

Gisela Rubach y Alejandra Sota se asumen como creadoras de la campaña delmacista, incluido el Salario Rosa, que se ha convertido en un lastre de política pública en sus primeros meses de gobierno. Y ahora con esa misma oferta electoral de Meade, se dan un balazo en el pie en el principal bastión electoral del priísmo. A propósito de las acusaciones hacia López Obrador y esas ofertas con tufo clientelar: con el salario a amas de casa, ¿quién es el populista?

El salario a jefas de familia asciende a 1, 200 pesos mensuales. La misma cantidad fijada por Alfredo del Mazo en el Estado de México. Sólo que acá, el salario rosa se determinó en 2, 400 pesos bimestrales. Con esos 40 pesos diarios se advierte muy complejo fortalecer la economía familiar, o bien, abatir la pobreza en la que vive la mitad de la población. El PRI sabe que son tiempos electorales, pero la desesperanza de sus campañas no parece la mejor solución para revertir las tendencias, y hacer que su candidato crezca por obligación.

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Pasan las semanas, y el Aeropuerto Internacional de México que se construye en Texcoco, sigue inundando gran parte de la agenda mediática. Un sector empresarial mantiene sus reticencias con López Obrador, y advierte los riesgos de cancelar el mayor proyecto de infraestructura de los últimos treinta años. Otro grupo de inversionistas, busca acercar la postura del tabasqueño, y garantizar que lo gastado no se derrumbe en caso de triunfo morenista.

En el sector social, López Obrador ha afianzado el respaldo del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, los mismos ejidatarios de Atenco que lograron cancelar el aeropuerto en tiempos foxistas. La resistencia al aeropuerto se concentra en la defensa de su actividad agrícola y el cuidado al entorno, pero sus tierras ahora no serán expropiadas, y eso resta fortaleza a su movimiento. Las campañas avanzan, y el epicentro sigue siendo el Estado de México.

 

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