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Toluca, Edomex. 10 de agosto de 2017.- Muchas resistencias enfrenta el peñismo al interior de su partido rumbo a la XXII Asamblea Nacional del PRI, particularmente de aquellos sectores que, pese al retorno del priísmo a Los Pinos, jamás fueron incluidos en el pastel gubernamental. El Grupo Atlacomulco siempre cooptó la toma de decisiones en las Secretarías de Estado, en el partido, en el Congreso, en todo. Por esas razones, Beltrones, Ortega, Martell, César Augusto y demás, han alzado la voz en contra del poder omnímodo, del que alguna vez se beneficiaron.
Sin embargo, al más puro estilo de Atlacomulco, ha tratado de tener un amplio margen de maniobra en las mesas temáticas previas de la Asamblea Nacional. En la mesa de Toluca, Alfredo del Mazo, heredero del poder dinástico partió plaza al arranque de los trabajos. José Narro, el caballo negro bajo el manto de la UNAM, estuvo de tiempo completo en la sesión. Del peñismo, se hicieron presentes los mexiquenses Luis Miranda -primer compadre del país-, y Ruiz Esparza -el intocable concesionario de infraestructura-; además del neoleonés Ildefonso Guajardo, y por la noche, el titular de Gobernación, Osorio Chong.
En la mesa de Jalisco, los priístas aprobaron ajustes a sus estatutos para que alguien que gane un cargo de elección popular por la vía plurinominal, deberá buscar su siguiente puesto por la mayoría relativa. Una enmienda que no cae bien para personajes como el líder obrero, con su primaria inconclusa, Armando Neyra que ha sido cuatro veces diputado federal y ahora senador, siempre plurinominal; mismo caso del exgobernador mexiquense, César Camacho, diputado federal en dos ocasiones plurinominal; o los Beltrones y los Gamboa que han pasado los últimos veinte años de pluri en pluri.
En la mesa más ríspida, desarrollada en Campeche los estatutos se modificaron rotundamente, para definir que los simpatizantes del PRI pueden ser candidatos a cualquier cargo de elección popular, incluida la Presidencia de la República. Hace cuatro años, el propio peñismo eliminó el candado de tener un cargo de elección o dirigencia para ser candidato a gobernador o presidente de la nación. Con el nuevo candado eliminado se abre la puerta para José Antonio Meade sin afiliarse al priísmo pero con la esperanza puesta en suceder a Peña Nieto en la elección del año entrante.
El mensaje generalizado, en defensa del peñismo apuntó en una sola dirección: la defensa irrebatible de las reformas estructurales del actual gobierno, y la unidad de la militancia como condición inequívoca para enfrentar la elección del año entrante. Del Mazo fue parte de ese mensaje político. Los funcionarios federales que estuvieron presentes en las cinco mesas temáticas se mantuvieron en la misma línea. Para defender a Peña Nieto de los embates electoreros y de su bajísima aprobación social, primero hay que con-vencer a los de casa.
En la agenda electoral del priísmo, de cara a la Asamblea Nacional del próximo sábado queda por definir los métodos de selección de candidatos. Los sectores de mayor resistencia con Atlacomulco, plantean la necesidad de ir a una consulta a la base, y con ello evitar el “dedazo” presidencial que ha usado los afectos personales en la definición de candidatos a gobernador de los últimos seis años, con resultados devastadores, perdiendo en el horizonte casi cinco millones de votos en el sexenio que transcurre. Ahí viene otro encontronazo.
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