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Toluca, Edomex. 08 de febrero de 2018.- El encumbramiento de las élites políticas, empresariales y hasta eclesiásticas del Estado de México en el ultimo sexenio ha sido un modelo paradigmático dado su amalgamiento para conservar y ampliar sus privilegios y cuidar su red de intereses, como parte de la conivencia existente entre los poderes públicos y los poderes fácticos. El peñismo ha concitado sus mayores logros de la historia reciente del país, y han establecido imponer su hegemonía hasta el último día de su mandato.

Francisco Cervantes, es un empresario encumbrado en el poder político desde el montielismo. Cercano a Francisco Funtanet Mange. Encabezó durante los sexenios de Peña Nieto y Eruviel Ávila, el Consejo de Cámaras y Asociaciones Empresariales (Concaem). Ahora por arropo del peñismo, ha logrado incidir en la toma de decisiones empresariales y este viernes, si todo sale conforme a lo previsto será nombrado como presidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin). El nombramiento se da en medio de una elección presidencial en donde el Grupo Atlacomulco padece los estragos de un gobierno para el olvido, y un interés por conservar todos los espacios de poder.

En el primer tercio del gobierno peñista, Francisco Funtanet se apropió de la Concamin y desde entonces ha buscado mantener su influencia en la toma de decisiones de ese organismo empresarial. Funtanet también logró su ascenso al poder político. En el montielismo fue nombrado secretario de Desarrollo Económico y durante la gubernatura de Peña Nieto se convirtió en diputado local por el Partido Verde en la legislatura mexiquense. Hoy Funtanet y Cervantes pretenden mantener su grado de influencia entre la élite empresarial en la recta final del peñismo y conservar su empoderamiento concluido el sexenio.

La influencia mexiquense se mantiene en otras esferas de poder. Apenas el pasado lunes, Carlos Aguiar Retes fue ungido como Arzobispo Primado de México, el máximo cargo en la jerarquía católica y el cual sería inexplicable sin la cercanía existente con la clase gobernante que despacha desde Los Pinos. Ahí está el empoderamiento de la élite eclesiástica como reflejo de un interés por mantener márgenes de control en los poderes fácticos aun cuando el sueño presidencial del Grupo Atlacomulco está por concluir en un plazo de diez meses.

A lo largo del sexenio, el empoderamiento de la clase política mexiquense se ha dado en todos los ámbitos: ya sea en el gabinete federal con abundantes cargos repartidos exclusivamente para los mexiquenses, su grado de influencia no sólo dentro del priísmo sino de otros partidos, en donde la clase política mexiquense ha resultado beneficiada a costa de su cercanía con el peñismo, lo mismo en el PAN que en el PRD, y hasta Morena. Y màs recientemente, se han apoderado del control del Poder Legislativo, colocando a mexiquenses en los máximos órganos de decisión del Senado de la Republica y de la Cámara de Diputados Federal.

 

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