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Toluca, Edomex. 08 de mayo de 2018.- Como parte del relanzamiento de la campaña de José Antonio Meade, resulta inaceptable la integración de personajes como Manuel Cavazos Lerma, como secretario general adjunto del CEN priísta. En los ajustes de la campaña se hace notoria la presencia del salinismo, y de las más añejas mañas de un partido acentuado en cacicazgos que pretenden imponer su hegemonía. Tutor político de Tomás Yarrington y Eugenio Hernández Flores -acusados de vínculos con el narcotráfico- hará mancuerna con Claudia Ruiz Massieu -sobrina de Salinas- en la secretaría general del PRI nacional.

Cavazos Lerma fue gobernador de Tamaulipas durante el salinato, y fue reclutado por el montielismo como delegado especial del PRI en la campaña de gobernador de Enrique Peña Nieto. Desde entonces, el exgobernador tamaulipeco forjó una relación política con el Grupo Atlacomulco. Otros exgobernadores, como Yarrington y Hernández Flores, apoyaron las aspiraciones presidenciales de Montiel y Peña, respectivamente. Hace seis años, por impulso del peñismo, Cavazos Lerma se convirtió en senador de la república, y es a la fecha, uno de los senadores más improductivos de la Cámara Alta. Ayer, arropado de René Juárez Cisneros se sumó al priísmo y una campaña que no levanta.

Otros ajustes al interior del priísmo nacional fue la designación de José Encarnación Alfaro Cázares -actual candidato a senador en la Ciudad de México- también como secretario general adjunto; así como de Enrique Martini Castillo -alcalde de Taxco en el sexenio de José Francisco Ruiz Massieu, padre de Claudia-, acusado de apoyar la candidatura de López Obrador en 2006, y a Ramiro Ramos Salinas -cuya trayectoria política ha estado ligada a Cavazos Lerma durante los últimos veinte años- como subsecretarios de Operación Política.

En medio de los ajustes, entre las élites políticas insisten en dar un golpe de autoridad a la ignominiosa dirigencia que encabeza Ernesto Nemer. A lo largo de las precampañas priístas, se ha evidenciado la falta de oficio político para procesar temas como la elección consecutiva de algunos alcaldes, el registro de candidaturas únicas y hasta el rompimiento de la alianza electoral con el Partido Verde y Nueva Alianza. Las encuestas son catastróficas particularmente en los municipios más poblados del estado. Pese a todo, Nemer y los suyos, parecen firmes en la víspera de arrancar las campañas electorales.

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La elección de la jefatura de gobierno de la Ciudad de México no debiera pasar inadvertida para el Estado de México, sobre todo por los múltiples problemas comunes que prevalecen en el Valle de México, donde se comparten lastres de inseguridad, transporte público, carencia de agua potable, tratamiento de residuos sólidos, entre otros. En los últimos seis años, Eruviel y Mancera echaron a la basura la escasa coordinación metropolitana alcanzada en los últimos años. Aunque Alfredo del Mazo debe tener claro, que ni por equivocación, podrá compartir gobierno con el dócil priísta Mikel Arriola que sólo sirve de comparsa en la elección capitalina.

Sin embargo, el PRI tiene cifras alentadoras respecto de los procesos electorales de los años 2000, 2006 y 2012. Con un golpe de suerte, el priísmo puede instalarse como gobierno en al menos tres alcaldías -antes delegaciones- y tener una presencia decorosa en la legislatura estatal. A partir de esa presencia, Del Mazo y la casi segura próxima jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, deberán repensar en la relación de sus gobiernos, antes que -también ambos- impulsar sus posibles aspiraciones presidenciales.

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