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Toluca, Edomex. 07 de noviembre de 2017.- La decisión de la diligencia estatal priísta, encabezada por Ernesto Nemer de remover a toda la estructura priísta obedece a los pésimos resultados electorales que pusieron en riesgo el triunfo de Alfredo del Mazo, y que en esencia colocaron al PRI mexiquense como segunda fuerza política del Estado. Con el respaldo absoluto del gobernador Alfredo del Mazo, se determinó remover a una estructura que sembró profundas dudas no sólo en su eficacia sino respecto de su lealtad institucional. La duda de la traición también persigue a esos operadores electorales.

Hace poco más de un año, el entonces dirigente priísta Carlos Iriarte removió a toda la estructura electoral -incluidos delegados y comités seccionales- bajo la errónea idea de que teniendo la estructura dominada, se haría merecedor de la candidatura a gobernador. A la distancia, Del Mazo y Nemer entienden que esa estructura obedecía a un grupo político ajeno al que hoy pretende imponer sus condiciones para enfrentar una elección de amplios desafíos, y que exige a Nemer garantizarle un triunfo abrumador que le otorgue una mayoría priísta en la Legislatura mexiquense.

Otro dato fundamental: los delegados regionales, distritales y municipales que fueron despedidos la semana pasada, simbolizan un filtro político prioritario en los escenarios de posibles candidatos a presidentes municipales, diputados federales y locales. Del Mazo pretende impulsar a su propio grupo político, y por tanto, no dejar un espacio de influencia para los operadores electorales eruvielista en los escenarios políticos del año entrante. Los diagnósticos que habían sido presentados en semanas anteriores de posibles candidaturas serán desechados de principio a fin.

Lo cierto es que la renovación de la estructura priísta deberá darse de forma inmediata, porque los escenarios de definición de candidatos están muy próximos. Del Mazo y Nemer deben actuar con rapidez para evitar que los delegados despedidos sigan influyendo en desestabilizar a las bases de su partido. Lo que está en juego para Alfredo en la elección del año entrante es la gobernabilidad de su mandato, y el impulso del grupo político con el que pretende co-gobernar en la primera mitad de su gestión.

El gobierno delmacista resiente los agravios sufridos por Eruviel Ávila durante la campaña y en la entrega del poder. En el sentir delmacista, se contempla que no sólo incidieron en un escenario electoral incierto a punto de la derrota, sino que además les entregaron una administración sostenida con alfileres para apostar a su fracaso inmediato. Las finanzas públicas, la falta de coordinación y la carencia de información en la entrega – recepción hace suponer al grupo en el poder que les obstaculizaron lo necesario para tropezar de inmediato.

Pese a todo, el futuro político de Eruviel Ávila apuesta al arropo que pueda obtener del canciller Luis Videgaray, su gran soporte en los últimos siete años. Ávila forma parte de la élite gobernante que apoya decididamente la candidatura presidencial de José Antonio Meade para mantener su cadena de privilegios y defender sus intereses en el ejercicio del poder. Del éxito de Videgaray y la eventual candidatura de Meade, se sostiene el proyecto inmediato de Eruviel y su grupo más compacto, incluida su seguridad personal y su impunidad política.

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