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Toluca, Edomex. 06 de julio de 2018.- Vaya reflexión que deberán tener por separado las dirigencias del PAN y del PRD. Entre ambos partidos, le aportaron apenas 1.5 millones de votos a su candidato presidencial, Ricardo Anaya. El derrumbe electoral debe asumir la displicencia, la omisión y el fracaso de una alianza que se buscó durante décadas, y que no dio los resultados esperados. Lo poco que ganó fue producto de bastiones por separado, e inclusive los más destacados fueron casos de reelección que tuvieron sustento en una base social de los votantes. Salvo los casos de Huixquilucan, Neza y eventualmente el senador de primera minoría, todo lo demás fue un rotundo fracaso.

Por dignidad y vergüenza se hace necesaria la renuncia de los dirigentes estatal Víctor Hugo Sondón del PAN, y de Omar Ortega del PRD. Sólo cuidaron sus intereses particulares. El retroceso electoral es inaceptable frente a las últimas elecciones presidenciales. El crecimiento de Morena los arrolló y no apuntaron ni las placas del camión. En lo pragmático están obligados a actuar con responsabilidad en su peso político dentro de la próxima legislatura. La suma de votos de sus diputados pueden significar la balanza entre darle gobernabilidad al proyecto delmacista o actuar a conveniencia de la aplanadora opositora de Morena.

Al interior del PAN, Édgar Olvera ganó en las urnas una diputación federal. Pero perdió la alcaldía de Naucalpan frente a la morenista Patricia Durán, una de las dinastías más influyentes en la llamada joya de la corona. En la acera de enfrente, Enrique Vargas arrasó en su intento de reelección por Huixquilucan. Le demostró al panismo la capacidad para acentuar un bastión electoral, y tiene condiciones, junto a Josefina Vázquez Mota -futura senadora- para concitar liderazgos panistas que le permitan encabezar la reconstrucción de la derecha en el estado. Bravo Mena quedó fuera del senado y tampoco tendrá condiciones para incidir en el futuro panista.

De su parte, el PRD mantuvo su principal estandarte electoral a manos de Juan Hugo de la Rosa en Neza. A eso se agrega la posibilidad de que Juan Zepeda se confirme como senador por primera minoría derrotando a César Camacho. Esas condiciones les darán el margen de maniobra suficiente a favor de la Alternativa Democrática Nacional (ADN) que encabeza Héctor Bautista. No obstante, el avance inusitado de Morena como representantes de la izquierda en el país y en el estado, obligará a repensar el papel del PRD en el futuro, y en las tareas para recuperar el terreno perdido y su identidad electoral. Higinio Martínez desde Morena les ha ganado una importante partida.

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En el PRI han comenzado a hacer leña del árbol caído. Ciertos liderazgos de agrupaciones ajenas al priísmo pretenden asaltar un partido en ruinas bajo el argumento de presunta cercanía con el gobernador Alfredo del Mazo. Si bien, la militancia priísta exige la renuncia de Ernesto Nemer, no existen condiciones para llamar de inmediato a la elección de un nuevo dirigente. Y mucho menos el desafío está para ceder el priísmo a los arrebatos improvisados de presuntos iluminados que han salido a levantar la mano anticipadamente. La derrota está muy fresca para tratar de sanar herida con jugo de limón y la acidez de frentes oportunistas.

Hoy más que nunca se requiere de conciliar intereses entre los exgobernadores. Ahí está la clave para Del Mazo en busca de la gobernabilidad. Frente a la avalancha de Morena deberá encontrar arropo al interior del priísmo, y ceder el control del partido a grupos de interés que le allanen el camino. Para pensar desde ahora en la renovación de un dirigente priísta ahí están actores como Héctor Velasco o Manuel Cadena, que representen liderazgo entre la militancia y los exgobernadores, y no solamente entre sus grupos de aplaudidores.

 

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